Casa Blanca sin 5 de mayo

La celebración del 5 de mayo en los Estados Unidos, se ha declarado como una celebración de orgullo por parte de la comunidad latinoamericana, principalmente para los mexicanos. El origen de su gran celebración en territorio estadounidense recae en el triunfo del General Ignacio Zaragoza al vencer a las tropas francesas en el estado de Puebla, hace ya 155 años atrás.

Zaragoza nació en Texas en 1829, cuando aún formaba parte del territorio mexicano, motivo de envanecimiento para los mexicanos nacidos en el país vecino.

A partir de 2001 con el presidente George W. Bush, la celebración del 5 de mayo formó parte de los eventos sociales a realizarse en la Casa Blanca, encabezada por el propio mandatario, contando con la participación de líderes mexicanos y latinos en todos los ámbitos (político, del espectáculo, empresarial, etc.).

Después de 16 años continuos de celebración en la residencia presidencial, con tacos, guacamole, margaritas, cerveza, bailes típicos mexicanos y mariachis, el 2017 ha sido la excepción.

La nueva administración (D. Trump) decidió cambiar la fecha del festejo al 4 de mayo, así como la sede a un edificio fuera de la Casa Blanca, además de ser presidida por Mike Pence, vicepresidente de los Estados Unidos de América, no se invitó a grandes personalidades y fue amenizada por un trío desconocido.

La celebración del "5 de mayo" formaba parte de un vínculo con la comunidad hispana para promover y reforzar las relaciones diplomáticas; hoy sólo se percibe una división y un alejamiento con quien debiera ser su principal aliado.

Estando en una era globalizada, las relaciones internacionales deben ser fortalecidas a través de la cooperación, respeto y cordialidad; nada extraño, hoy queda claro que para Donald Trump no existe el interés de acercamiento con la comunidad latinoamericana, quien desde campaña ha mantenido un discurso antimigrante.

Si bien, recordemos que el cargo presidencial es temporal, y aún contando con las facultades para implementar la reforma migratoria, la mayoría de los estadounidenses reconocen la contribución de la comunidad migrante (no solo latinoamericana) para el desarrollo y crecimiento de su país.