Articulista Invitado

Productividad y más productividad


La empresa privada es, sin duda, el motor de nuestra economía, motor que debe trabajar en forma tal que impulse su crecimiento y, con esto, sea capaz de generar los empleos dignos que requiere nuestra creciente población. Lograr este propósito genera prosperidad, lo contrario da lugar a que la pobreza y la desigualdad continúen siendo un lastre para el país, un peligroso lastre que genera violencia y alimenta la desestabilización

La pobreza en México no se ha logrado abatir y continúa, según cifras del Inegi, alrededor de 56 millones de personas. Por otra parte, alrededor del 56% de la fuerza de trabajo gana tres salarios mínimos o menos. Recuerdo aquel slogan que surgió en alguna de las campañas de los siempre triunfadores priistas: “salario mínimo al Presidente para que vea lo que se siente” ¿Puede usted vivir dignamente con un salario, el mínimo, de alrededor de 65 pesos diarios? ¿O sostener a una familia ganando tres salarios mínimos, esto es alrededor de 200 diarios? ¿Cuánto se le va en transporte? ¿Cuánto en la renta de su casa-habitación? ¿Cuánto le queda para la alimentación y gastos indispensables de la familia? Estas son reflexiones que estamos obligados a considerar.

Dejemos que las cifras hablen y nos obliguen a reflexionar. Para esto, utilizaré las  que se mencionan en un estudio denominado A tale of two Mexicos: growth and prosperity in a two-speed economy, de fecha marzo de 2014 hecho por McKinsey Global Institute, en el que se revelan los ¿dos? Méxicos que conviven en condiciones radicalmente diferentes.

De un lado nos encontramos con un México altamente sofisticado y moderno, en donde conviven y actúan las empresas multinacionales que compiten en los mercados globales nacionales e internacionales. Universidades del más alto nivel preparan a los ejecutivos que contratan estas empresas.

Sin embargo, del otro lado se desenvuelve una economía de baja escala y velocidad, tecnológicamente subdesarrollada, con muy bajos niveles de productividad, que arropa a micro, pequeñas y medianas empresas que operan algunas dentro y otras fuera de la economía formal. Esta profunda división entre las dos economías diferentes ha ocasionado el bajo nivel de desarrollo de las últimas tres décadas en el que el producto interno bruto per capita ha crecido solo 0.6% por año en promedio y 0.4% durante 2013 en vista a la baja productividad de la mano de obra. Mientras la productividad de las empresas altamente sofisticadas ha crecido a un ritmo de 5.8% anual a partir de 1999, la de las empresas del otro sector ha descendido a razón de 6.5% por año. En medio de ambas se encuentra empresas medianas cuya productividad está ligeramente arriba de 0. Las oportunidades de empleo en el segmento de baja productividad son más amplias que las de su contraparte por razones obvias. Las empresas pequeñas dentro o fuera de la formalidad, ocupan alrededor del 40% de la mano de obra disponible; las empresas medianas, otro 40% y las  más sofisticadas el 20% restante. 

¿Qué nos señala la información anterior? La imperiosa necesidad de mejorar la productividad de la mayoría de las empresas mexicanas, en particular, pero no exclusivamente las que operan en la informalidad, con el propósito, entre otros, de ofrecer más y mejores fuentes de trabajo a la creciente población que pretende acceder a ellas. Para lograr lo anterior se requiere un esfuerzo conjunto tanto del sector privado como del público. Este último debe hacer un intenso e inteligente esfuerzo para motivar la incorporación de la economía informal a la formalidad, lo que implica, entre otras cosas, facilitar el registro y operación de las empresas, así como facilitar  en vez de entorpecer su operación, a través de disposiciones fiscales y legales apropiadas para la buena marcha de las empresas. El sector empresarial, por su  parte, está obligado a facilitar e impulsar la capacitación del personal que labora en las empresas, en aras de un aumento significativo de su productividad. La banca, a su vez, debe recobrar su vocación de servicio  y ofrecer mucho más crédito y de mejor calidad a las empresas medianas y pequeñas que operen adecuadamente.

México ha iniciado un nuevo camino, que está aún por verse, a través de las  reformas o iniciativas de ley de singular trascendencia que se han emitido. Nunca en la historia moderna, se había dado un paso tan audaz. Pero este paso tiene dos caminos: el de salir de la peligrosa atonía económica de los últimos años y lograr el desarrollo económico que todos esperamos, o el de causar una frustración generalizada por falta de resultados y recorrer al desgastado camino de las ofertas incumplidas debido a la incapacidad de nuestros gobernantes, a la corrupción generalizada que nos invade, o a la falta de visión y capacidad para enfrentar riesgos de nuestra clase empresarial. Debemos impulsar, con toda energía, la articulación de las cadenas productivas para que el crecimiento del sector moderno induzca la expansión del sector tradicional y de lugar a su modernización.

No falta mucho para conocer los resultados.  Estimo que en los próximos 18 meses tendremos la respuesta.

*Presidente de Sociedad en Movimiento