Algo que vale la pena contar

Algo que vale la pena contar

Hace algunos días, tuve el lujo de acompañar a mi querida Madre a una reunión organizada con motivo de los 50 años de haber egresado de la Escuela Primaria Anexa a la Normal. Hubo tres días de festejos y me tocó el honor de acompañarla a la cena de gala.

Después de las fotografías, remembranzas, baile y reencuentros, hubo un detalle que llamó poderosamente mi atención.

Casi para terminar la cena, Gerardo Herrera, ex compañero escolar de mi Mamá, gran amigo personal y destacado compañero locutor, tomó el micrófono y anunció que acompañados del maestro tecladista que animaba la fiesta, pedía que todos cantaran con él la melodía clásica que en aquellos tiempos de primaria,  interpretaban como alumnos acompañados de su maestro de música que solía hacerse acompañar por un acordeón.

Y comenzaron a cantar todos al unísono: "Tiene los ojos tan zarcos, la norteña de mis amores, que si miro dentro de ellos me parecen los destellos de las piedras de colores..." Así, mi madre al micrófono y sus compañeros, cantaron completa la melodía de principio a fin como en sus mejores tiempos de estudiantes.

"La Norteña" es una clásica mexicana, con música del maestro Eduardo Vigil y Robles y letra de Pepe Elizondo, a pesar de ser éxito desde los años 20, se mantuvo en el gusto del público por muchos, muchos años más. De hecho en 1947 Jorge Negrete la incluiría en una de sus películas y con los años pasaría a formar parte del repertorio mexicano popular de todos los tiempos, tanto así que hasta Alejandro Fernández la ha cantado recientemente.

 

El punto es, que desde hace tiempo en muchas escuelas, se ha dejado de lado la formación musical. Yo no recuerdo haber cantado nada en la primaria. No hay clases de música aparejadas con la educación formal a pesar de que científica e históricamente, se ha comprobado que la música posee una relación estrecha con el aprendizaje y la formación del ser humano debido a que armónicamente, estimula el desarrollo intelectual y social. Gracias a la práctica musical, las conexiones neuronales del cerebro se reorganizan aumentando sus vínculos entre los hemisferios, potenciando el aprendizaje de habilidades tanto matemáticas como de memoria y lenguaje.

Ciertamente, resulta más fácil aprender una canción que un texto sin música. ¿No será que precisamente es lo que hace falta en las actuales dinámicas educativas? Retomar la práctica desestimada de la música en la educación, pudiera ser quizá un aliciente para estimular los bajos índices educativos en el país.

Y de pasada, quizá podríamos educar un poco a las nuevas generaciones para diferenciar lo que música es, de lo que pretende ser. Como dijera Schopenhauer, "Música, ese  ejercicio de la metafísica inconsciente, en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía"

 

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.


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