Algo que vale la pena contar

Algo que vale la pena contar

A propósito del día de la madre, mi fiel aventurero de seis años a quien por mérito propio, en estas líneas ya conocemos como el temible “Niyaya Jones”, se me acercó con cara de estar parado frente a una suerte de tótem wikipédico rústico y ancestral, para preguntarme ¿por qué, cómo, de dónde y a quién? se le ocurrió tan popular festejo.

Mientras se afanaba por hacerse espacio desmontando con su machete de plástico mi jungla de libros y papeles, con mi mejor voz de efigie atávica, procedí a relatarle que en el principio de los tiempos, los griegos antiguos contaban que el primer festejo fue organizado por Zeus, Poseidón, Hades, Hera y toda la prole mitológica, en honor de la diosa Rea, esposa de Cronos dios del tiempo.

Que luego en la Inglaterra del siglo XVII, los labradores obligaron a sus señores feudales a considerar un día al año para celebrar a sus mamás. A este lo llamaron el “Domingo de la Madre” y dejaban de trabajar para  hornear pasteles y llevarlos como regalo. Así cuando los primeros colonos ingleses llegaron a nuestra América, conservaron la tradición.

Pero sería hasta principios de 1907 cuando Ana Jarvis, un ama de casa estadounidense, promocionó durante siete años y al final con mucho éxito, una campaña nacional para establecer un día oficial dedicado exclusivamente a honrar a las madres.

Para 1914 el Presidente Woodrow Wilson, firmaba la proclamación del “Día de la madre” como fiesta nacional a celebrarse el segundo domingo del mes de mayo. Y como la primera de estas celebraciones coincidió precisamente en un 10 de mayo, muchos países adoptaron la fecha de manera fija, entre ellos, México.

Sin embargo por lo que a nuestros antepasados toca, antes de la conquista en Mesoamérica ya se consideraba un día especial en honor a las madres.

Los aztecas por ejemplo, veneraban a la madre de su dios Huitzilopochtli, la Diosa Coyolxauhqui o Maztli, representada por la luna.Como puedes ver, le dije, es una costumbre muy antigua.

Lo importante es hacer felices a nuestras Mamás todos los días, agradeciendo el darnos la vida y cuidar de nosotros siempre. Cerró la libreta en la que escribía afanosamente, supongo yo que la tarea, y la guardó en su bolso de aventurero.

Sacó dos flores de papel y me dio una. –Ten –me dijo –. Una para tu mamá y otra para la mía.Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector. 


albertoboardman@hotmail.com