Algo que vale la pena contar

Algo que vale la pena contar

“Al fin y al cabo, somos lo que

hacemos para cambiar lo que

somos”. Eduardo Galeano.



Érase una vez que al principio todo fue memoria. La historia era despachada por narradores y bardos que recitaban sus voces pobladas de crónicas en torno de una hoguera. Luego vino el grafema y prolongó la existencia del relato a través de la palabra escrita.

Cronistas, copistas y escribanos, imprimieron letra a letra nuestros pasos por el mundo. Y la retención personal se fue muriendo, cediendo espacio a la memoria de papel.Y entonces nacieron los escritores.

Plumas grandes que durante siglos pequeños fueron amontonando el conocimiento. Sin importar el orden habitual trazaron pasado, presente y futuro. Todo pasaba antes o después entre la tinta y el cálamo: ciencia, arte, economía, religión, cultura, guerra, vida, sal y sangre.Después llegó otra época. 

El automóvil, el televisor, el vídeo, la computadora personal, el teléfono celular y demás contraseñas de la felicidad, máquinas nacidas para “ganar tiempo” o para “pasar el tiempo”, se apoderan del tiempo. Eduardo Galeano.

Y los escritores fueron muriendo. Y sus espacios desocupados se fueron quedando vacíos. Fantasmas aprisionados entre las tapas de libros condenados a museos y mausoleos.Han estado partiendo los últimos y nadie ocupa sus lugares.

¿Hace cuánto que no estrenamos una corriente literaria importante? Y lo que es peor, ¿A cuántos literalmente les importa?Dejamos de aprender cómo “mirar” (latín mirari / admirarse) y nos limitamos sólo a “ver” como simple capacidad física.

Vemos todo lo que miramos, pero no miramos todo lo que vemos.“El recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra por letra, puede leerse en ella”. Günter GrassLos tiempos dieron vuelta y la memoria de papel transmutó en un fichero  virtual. Hoy leemos sólo para encontrar.

Antes, la lectura nos encontraba.Escritores y libros se arremolinan en una ráfaga que parte desde el polvo de la tierra hacia el todo del infinito. Las venas abiertas dejaron de sangrar y el tambor de hojalata cesó su marcha.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector. 



radioelitesaltillo@hotmail.com