Algo que vale la pena contar

Algo que vale la pena contar

Existencial, así definiría la experiencia de haber contado durante la época más crítica de la vida, es decir, mientras estudiaba la preparatoria y profesional, con la oportunidad de acercarme por primera vez a Eduardo Humberto del Río García, nuestro querido "Rius". Si bien, al principio detonó en mi cabeza su sagaz crítica política, esa manera personal de abordar el tema, me incentivó a interesarme por su obra y adentrarme en sus peculiares libros. De la mano de sus magistrales gráficos e hilado de historias, aprendí por ejemplo, desde la fórmula secreta de los refrescos de cola, hasta las entrañas del marxismo, capitalismo, alimentación, religión y muchas otras finas yerbas. El éxito de Rius no provino de la magia, sino de encarnar fielmente el papel de juglar; uno intelectual sí, pero con lealtad, sin faltar al pulso del pueblo.

   Enarboló primero el sentimiento popular hacía el actuar político, ése que todo mundo conocía, murmuraba, y que Rius se atrevía a confirmar y publicar con  exquisito sentido del humor. Luego, sabiendo que era entendido y comprendido por todos, se atrevió también a traducir los enmarañados textos infumables de múltiples teorías: Las económicas, religiosas, consumistas e históricas, haciéndolas accesibles a través de su don de claridad, simple, agudo, pero sin el rigor y la solemnidad de la letra maquinada. Sus trazos ágiles y espontáneos, no sólo exclusivos sus dibujos, constituían la firma de su propia escritura hecha siempre a puño y letra, que logró otorgarle a sus obras un sentido íntimo, como el de ese amigo que te revela a mitad de la clase en una hoja de cuaderno, sus más preciados secretos.

   Rius logró hacernos pensar, motivar nuestra inquietud de duda, de generar polémica y con todo ello, educar siempre a través del pensamiento  depurado. Mucho de mi sentido crítico actual, lo debo sin duda a varios de sus libros. Como bien dijera en alguna ocasión el propio Maestro: "Le tengo que agradecer a Dios que me volvió ateo, y a la Iglesia católica que me volvió anticlerical. Pero más que a esas dos instituciones nefastas, debo mi ateísmo a los libros."

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.                                     


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