Algo que vale la pena contar

Un pasodoble al olvido

Supongo que es natural. Por regla la evolución se produce invariablemente en tres órdenes: del individuo, de la especie y cultural.  Y ese progreso, suele tener por instinto lapidario, enterrar tradiciones y participar en el nacimiento de nuevas historias, en estricto sentido, masticar, digerir o escupir pasado.

A lo largo de la historia, son muchos los géneros musicales que han ido quedando relegados de la faena melódica. No menos esta semana, para nuestro programa de radio, logré pasar de nuevo la aguja, en esa suerte de ouija moderna que es la tornamesa, para traer de nuevo a la vida el ritmo sonoro de un finado Charleston. Y vaya que en su momento fue lo máximo, tanto en América como Europa, pero como en todo, su tiempo pasó.

Seguramente lo mismo sucederá con el combativo y armonioso Pasodoble. Sin tardes de fiesta brava, ya no tendrá razón de ser. Sería como acudir a un musical de Broadway, sin escenario y sin actores. Definitivamente el género, actualmente en capilla, está condenado a cortarse la coleta. Poco a poco irán haciéndose menos en el mundo, los tercios en los que podrá gritarse: ¡Música maestro! y una parvada de flautines, trombones y clarinetes, entonarán la gala majestuosa de un rezo a "La Virgen de la Macarena" arrancando del respetable "Suspiros de España."

Y es que fuera de su país de origen, (donde el pasodoble también forma parte típica de las fiestas tradicionales) el género está casado a la fiesta taurina.  No sería posible dar un lance sin un redoble, pero al mismo tiempo, sin toreros no hay historias y sin esas historias, no hay pasodobles. Se acabó.

En cierta medida, la música escapa a todas las barreras y evade todos los encierros, excepto uno: el del olvido. Por ello, en lo subsecuente, quienes amamos el género habremos de contentarnos con los Fermines, Silverios y Manoletes que en una tarde cualquiera, habrán de ser de nuevo invocados a echar un capote, cual fantasmas a través de sus notas inmortales. Tal y como rezaba el escribillo de aquella tonada famosa de Carlos Cano:  

"...Con arte y garbo torero aunque a nadie ya le importe, cántame un pasodoble, un pasodoble torero, lleno de sol y jazmín..."

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.


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