Algo que vale la pena contar

Mimos y timos, hablando de charlatanes

Seguramente en un principio ofrecieron repelentes contra insectos prehistóricos y sofisticadas piedras que al levantar con ambas piernas, garantizaban perfecta condición física para salir airoso ante la persecución de algún primo de los velociraptores. Evolucionarían, y entonces llegarían las pócimas milagrosas que lo curan todo. Durante el Siglo XIX existió un personaje muy peculiar. Se trataba del Dr. Guido Bennati, un supuesto médico que vendía remedios secretos y llegó a las Américas según se cuenta, después de haber agotado su reputación y credibilidad en el viejo continente.

Pero, ¿cómo diversificar el negocio y convencer por más tiempo a esta ingenua clientela? Bueno pues, un buen día se fue de expedición a Perú y Bolivia. Regresó a la Argentina cargado de una enorme cantidad de objetos. Decidió entonces abrir las puertas del único "Museo incásico Bennati de historia natural". Entre las curiosidades recolectadas había joyas y adornos prehispánicos, cráneos, huesos y la joya de la corona: 7 momias que habían sido tomadas de la sierra del Perú, de las Islas del Lago Titicaca, el Corocoro de Bolivia y en una caverna a 14 mil pies sobre el nivel del mar en el cerro boliviano de Sajama. Claro que sumado al museo itinerante existía un gabinete médico que todo mundo podía consultar una vez finalizada la visita. Ahí se vendía ni más ni menos que un ungüento ancestral y maravilloso denominado: "Pasta Incásica" encontrado, según Bennati, en unas ánforas de tierra antigua depositadas precisamente en los lugares de donde procedían las momias. Aquel mejunje curaba prácticamente todo, enfermedades externas, cutáneas, llagas, sarna, lepra, dolores articulares, muelas y reuma. El prodigioso bálsamo (que de haber sido auténtico se habría terminado en los primeros cinco pueblos por los que había pasado), milagrosamente no se agotaba jamás. Ante tal situación fue investigado y como era obvio se encontró que simplemente era un compuesto de trementina, colofonia y sebo. La maravillosa crema incásica no era otra cosa que una manteca que tradicionalmente era utilizada por los soldados europeos en tiempo de batalla y muy común encontrar en cualquier botica.    

Bennati, no tenía el apoyo de la televisión, pero tenía las momias que visualmente daban fe de la historia que contaba. Hoy no existe mucha diferencia de los charlatanes que encontramos a diario tanto en la calle, la oferta política o la programación televisiva ..."Pásele, pásele, mire lo que le tenemos, levántalo Pancho para que lo vean....". Lo malo, como dicen por ahí, es que a veces, cuando la estafa es enorme toma entonces un nombre decente.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector. 


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