Sin ataduras

Tlcan contra la pobreza

Nadie imaginó que la principal amenaza al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), piedra angular del actual modelo económico de México, provendría de Estados Unidos, cuna de la globalización.

En 1986, al ingresar al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), México inició un gradual proceso de liberalización comercial hasta convertirse en una de las economías más abiertas del mundo.

El cambio más profundo ocurrió por la decisión de Carlos Salinas de Gortari de suscribir con el presidente republicano George H. W. Bush y el primer ministro canadiense Brian Mulroney el tratado conocido en inglés como Nafta, que entró en vigor en 1994.

Se puede decir que hay un México antes y después del Tlcan. Todos los sucesores de Salinas de Gortari, tanto priistas como panistas continuaron y ampliaron las mismas políticas económicas, expandieron a 12 tratados la red de libre comercio con unos 40 países y abrieron el sector energético a la inversión extranjera, entre otras reformas.

Salinas de Gortari auguró entonces que el Tlcan permitiría un crecimiento sostenible de la economía mexicana, y que la globalización es el único camino para impulsar el crecimiento, crear empleo y satisfacer las necesidades de las próximas generaciones.

Veinte años después, el vaticinio de Salinas de Gortari es parcialmente avalado por la realidad.

Entre 1994 y 2014, el PIB ha tenido un débil crecimiento de 2.4% en promedio, en comparación con el crecimiento de 6% que tuvimos en la etapa del “desarrollo estabilizador” y por debajo del crecimiento promedio de la mayoría de los países emergentes.

Evidentemente, en estas dos décadas las necesidades de la presente generación no han sido satisfechas, pues la mitad de México sigue viviendo en la pobreza, desde que inició el Tlcan.

Un informe del Banco Mundial publicado a fines de 2003, con motivo del décimo aniversario del tratado, contiene un diagnóstico que en general sigue vigente, aunque requiere ser actualizado.

El Banco Mundial, institución ortodoxa que nada tiene de populista, reconoció que el Tlcan ha estimulado el desarrollo económico, pero advirtió que no ha sido suficiente para lograr la convergencia económica con Canadá y Estados Unidos.

En efecto, el estudio calculó que en 2004, sin el Tlcan, las exportaciones habrían bajado un 25%, la inversión extranjera directa habría sido inferior en 40%, y el ingreso per cápita habría descendido entre 4 y 5%.

El informe añade que el Tlcan no basta para desarrollar al país, pues es necesario invertir en educación e infraestructura, así como mejorar la rendición de cuentas y el control de la corrupción.

En fin, los sucesivos gobiernos mexicanos fallaron en establecer políticas públicas para optimizar el Tlcan, paliar sus consecuencias negativas y garantizar la convergencia económica tan ansiada.

Salinas de Gortari terminó su sexenio con un nivel de pobreza de 52.4%, mientras que en 2014, en este gobierno de Peña Nieto, la pobreza creció a 53.2%  (Por cierto, ya no podremos conocer los avances o retrocesos reales en el combate a la pobreza porque al gobierno actual se le ocurrió la sospechosa idea de cambiar la metodología, obstáculo para comparar los nuevos con los anteriores resultados).

Es hora de que los beneficios del Tlcan se expandan a todo el país y se amplíen a todas las clases sociales.

En este sentido, la responsabilidad gubernamental de compartir con toda la población los beneficios del Tlcan no depende de negociaciones internacionales, sino de aplicar medidas de política económica interna.

Por ello, propongo crear un fondo para el desarrollo del sur del país, en apoyo al empleo, la educación, los pequeños agricultores y la industrialización básica, dentro del actual programa de Zonas Económicas Especiales.

Para financiar el fondo se podría canalizar un porcentaje pequeño, digamos 0.1% del comercio exterior. Si una décima porcentual es insignificante para las exportaciones e importaciones de las empresas multinacionales, en cambio sería enorme el beneficio para millones de marginados del país.

Si en 2015, México alcanzó un comercio exterior por un total de 786 mil millones de dólares, 0.1% representa 786 millones de dólares. No estaría mal dedicar su equivalente en moneda nacional, es decir, casi 16 mil millones de pesos, para ayudar a mejorar la vida de unos 60 millones de pobres.

Posdata

Me uno al luto del periodismo nacional por el reciente fallecimiento del caricaturista Rogelio Naranjo, ejemplo de talento, valentía y honestidad. Destacó por la calidad de su fino dibujo y punzante ironía al retratar, cuando era tabú, a los presidentes de la República, desde Díaz Ordaz hasta Peña Nieto.

Como una joya, conservo en mi biblioteca una caricatura que Naranjo me hizo después de visitar Washington en 1975, cuando ambos trabajábamos en Excélsior. Me retrató con puro en la mano leyendo The Washington Post. En la primera plana del diario, el caricaturista dibujó una supuesta fotografía de dos personas sentadas a la mesa, con el pie: Naranjo y Gutiérrez Canet en Georgetown. Fue un recuerdo de cuando fuimos a escuchar jazz en el club Blues Alley.

Muchas gracias por tu amistad, admirado Rogelio. Y a ustedes, Érica e Isabel, mi más sentido pésame.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com