Sin ataduras

Por un gobierno de unidad nacional

Entre el 20 de enero de 2017, juramento de Donald Trump, y el 1° de diciembre de 2018, toma de posesión del próximo presidente de México, van a pasar 22 meses, periodo demasiado largo con un gobierno de salida, ante las anunciadas acciones hostiles del nuevo mandatario estadunidense.

Nuestro país permanecería, en una época crucial, en manos de un régimen moribundo, si no creamos ya un gobierno de unidad nacional, justo cuando la nación mexicana enfrenta el desafío más grande desde la invasión de Estados Unidos, como lúcidamente lo ha advertido Enrique Krauze.

México se encuentra en una encrucijada histórica que el gobierno de Enrique Peña Nieto no parece reconocer ni menos encarar.

Ante las amenazas de Trump contra México, lanzadas desde que era precandidato hasta ahora que es presidente electo, Peña Nieto ha demostrado una falta de firmeza en la defensa de los intereses nacionales.

El presidente y su equipo confunden la necesaria diplomacia con una postura de excesiva prudencia.

El diálogo celebrado en Los Pinos se debe valorar por el resultado: Trump se burló de México y de los mexicanos, después de hablar con el presidente. Trump no cambió y Luis Videgaray se equivocó.

Por supuesto, siempre hay que estar abierto al diálogo, pero defendiendo con firmeza los intereses de México, por muy difícil que sea negociar con el más poderoso del mundo.

Estados Unidos respeta a los países que se hacen respetar, y menosprecia a aquellos que son serviles.

En un mensaje al país, luego de la victoria de Trump, Peña Nieto insistió en que México debe seguir colaborando con Estados Unidos a favor de la competitividad de América del Norte. Es increíble la miopía del gobierno.

Peña Nieto no parece entender que Trump ganó la elección, entre otras razones, por rechazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan).

Peña Nieto no parece comprender que el gobierno de Trump sí va a construir el muro. Rudolph Giuliani, presunto procurador general y acompañante de Trump en la infame reunión en Los Pinos, reafirmó que la erección del muro se podría aprobar por medio de una orden ejecutiva, sin tener que pasar por el Congreso.

Trump refleja el enojo de la clase laboral, la clase media blanca, anglosajona y protestante, que se siente olvidada, que percibe como amenazas a su nivel de vida, el libre comercio y la migración indocumentada. 

Es hora de abandonar ese discurso mexicano ingenuo de prosperidad compartida con Norteamérica. Ya está agotado. Hay que dejar de insistir en el Tlcan como panacea, pues también dañó al campo mexicano tradicional. Con Trump no se puede seguir hablando de integración como se hacía con los George Bush y con Bill Clinton. Ya nadie habla en la Unión Americana de la prosperidad compartida con México.  

Por eso, es hora de que México diseñe una nueva política exterior hacia Estados Unidos, bajo los principios de dignidad, defensa y diversificación. Al respecto, en mi anterior columna propuse diez medidas concretas.

La nueva relación debe estar basada en el respeto a la dignidad de los mexicanos, dentro y fuera del país, en la defensa de los derechos laborales y humanos de los trabajadores, tanto en México como en Estados Unidos, y en la necesidad de diversificar mercados e inversiones, acompañada del fortalecimiento del mercado interno y la capacidad adquisitiva de los mexicanos, sin ignorar que somos vecinos de la economía más grande del mundo.

Es hora de crear un gobierno de unidad nacional, de conformidad con el Artículo 89, fracción XVII, de la Constitución, con los mejores hombres y mujeres del país y sin la actual camarilla de amigos. No puede haber unidad nacional en torno a un gobierno lastrado por la corrupción y la impunidad.

Irónicamente, la responsabilidad de optar por un gobierno de coalición recae en el mismo presidente Peña Nieto. Si no lo hace, la nación se lo demandará y quedará marcado por la historia.

El primer mandatario debe convocar no solo a los partidos políticos, sino también a gobernadores, empresarios, sindicatos, universidades, líderes sociales, para acordar un convenio del gobierno de coalición, con objetivos claros y precisos.

También es hora de que los partidos políticos, desprestigiados y distantes de los ciudadanos, recapaciten en esta hora crítica para el país: abandonen su egoísmo partidista, su mezquina lucha por el poder, y piensen por el bien supremo de la nación.

Es hora de integrar en el nuevo gobierno a personas respetables, capaces y honestas como Bernardo Sepúlveda, Rosaura Ruiz, Juan Pablo Castañón, Cuauhtémoc Cárdenas, Alicia Bárcena, Juan Ramón de la Fuente, Juan Carlos Romero Hicks, Enrique Krauze y tantos mexicanos más con talento en todo el país, desde Tijuana hasta Yucatán.

Es hora de implantar un nuevo gobierno de unidad nacional, honesto y patriota, y empecemos a construir una nación justa y próspera para todos.

Posdata

Agradezco los comentarios que he recibido de lectores en Facebook, Twitter, página web de Milenio y correo electrónico. Aprecio tanto críticas como coincidencias.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com