Sin ataduras

Felicidades, Finlandia 100 años

Onnittelut, Nina Brander.

 

En 2017 se celebra el centenario de la independencia de Finlandia, país donde representé a México durante cinco años.

Se declaró república independiente luego de transcurrir casi todo el siglo XIX como gran ducado autónomo de Rusia. Antes, desde la Edad Media hasta 1809, Finlandia fue parte del reino de Suecia.

Así, es admirable la lucha de los finlandeses. Mantuvieron su identidad cultural entre dos colosos durante siglos. Fueron dominados en forma sucesiva por sus vecinos del este y del oeste, Suecia y Rusia, pero nunca se rindieron.

Esa perseverancia, ese valor, esa entereza del pueblo finlandés se llama sisu en finés. Por algo, a uno de sus buques rompehielos le pusieron el nombre Sisu. Nada lo detiene.

Y con sisu, 100 años después, Finlandia es hoy una de las sociedades de mayor progreso y bienestar social del mundo.

El modelo nórdico de bienestar se logra con altos impuestos y baja corrupción. Las tasas impositivas llegan hasta 35 por ciento, casi no hay evasión fiscal. Desde que nace un finlandés tiene asegurada para toda su vida educación, salud y seguro de desempleo.

Aunque hay cierto grado de pobreza, pocos son los muy ricos y la gran mayoría integra la clase media.

Sin embargo, en los últimos años, gobiernos conservadores finlandeses están desmantelando poco a poco ese modelo social de bienestar al reducir impuestos y prestaciones. Por eso, Finlandia está perdiendo prestigio en educación, pues descendió del primer lugar al quinto, según el estudio Pisa de la OCDE en 2015.

Sin embargo, Finlandia cuenta todavía con excelente educación. Los jóvenes saben de ciencia, conocen de matemáticas y comprenden lo que leen.

En cambio, México, que obtuvo el puesto 58, padece graves problemas de comprensión de la lectura. La mayoría sabe leer pero no todos entienden cabalmente lo que leen, ni tampoco escriben de manera correcta, como se puede observar con frecuencia en las redes sociales.

En Finlandia, los estudiantes universitarios reciben una beca de unos 350 euros al mes y nadie acusa al gobierno conservador de populista. Con el estipendio pagan la renta de vivienda, alimentos y libros. No se preocupan por trabajar mientras estudian, salvo en el verano.

Debido a la buena educación, los finlandeses saben dialogar, no insultan a quienes expresan puntos de vista diferentes. Respetan las diferencias de opinión.

Los padres toleran la conducta de sus hijos aunque no coincidan, pero expresan sus argumentos sin humillar ni usar la violencia. El diálogo respetuoso forma parte de la vida social, excepto por el problema del alcoholismo.

En la política, los parlamentarios casi siempre buscan el consenso, superan las diferencias partidistas con el fin de impulsar el bien de la nación.

En otro estudio de Transparencia Internacional, en 2015 Finlandia fue el segundo país más honesto del mundo, mientras que México ocupó el lugar 95.

Finlandia se desliza como un trineo en la nieve, sin mayores sobresaltos. La monotonía se vuelve cotidiana, la vida se vuelve predecible, hasta el aburrimiento.

La policía finlandesa no trabaja mucho, hay pocos casos de inseguridad y en general pasa el día tranquila en sus oficinas.

Así es la vida en Helsinki. Por la elegante avenida Pohjoisesplanadi se pasean las señoritas finlandesas, ojos azules y cabellos rubios. Manejan su bicicleta Jopo, compran en Stockmann, comen en Kappeli y beben café en Strindberg.

En la isla de Pihlajasaari ven pasar los barcos a Tallinn, nadan en la alberca municipal y contemplan el panorama de la ciudad desde la torre del estadio olímpico.

No hay mejor lugar que Finlandia para pasar el verano. Los finlandeses se van a su cabaña en el bosque frente al lago. Toman la sauna y se sumergen en las aguas para mitigar el calor, en armonía con la naturaleza.

Así se pasa la vida en este país de invierno largo y verano corto, donde la buena educación permitió alcanzar el sueño de pasar de la pobreza al bienestar de toda la población.

Posdata

Salió a la luz el libro Dos revolucionarios a la sombra de Madero escrito por la doctora Beatriz Gutiérrez Müller con prólogo de Andrés Manuel López Obrador.

La historia del nicaragüense Solón Argüello Escobar y del costarricense Rogelio Fernández Güell, dos poetas centroamericanos que lucharon en México a favor del Apóstol de la Revolución, motiva a reflexionar sobre el compromiso de los intelectuales con las causas populares.

Resultado de una rigurosa investigación en fuentes originales, la escritora no solo rescata del olvido a los dos escritores que combatieron la tiranía de Porfirio Díaz, sino que revalúa la figura de Madero como político honesto y visionario, cuando en su época era juzgado por el gobierno y la intelectualidad porfirista como un loco e iluso, hasta que el despreciado Madero inició la Revolución mexicana. Recomiendo su lectura.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com