Sin ataduras

México visto por Europa

Antier el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, tuvo un día muy ajetreado: anunció la política monetaria, elevó la tasa de interés, recibió al secretario estadunidense del Tesoro, se reunió con senadores del PAN y envió un texto de su autoría sobre la exposición de grabados antiguos, México visto por Europa, organizada por el banco central.

La imagen de México en el exterior ha sido una pasión desde mi inicio como diplomático. Durante casi 30 años he reunido una colección conformada por más de 200 grabados europeos, que va del siglo XVI al XIX.

Al respecto, el gobernador Carstens escribió:

“No debiera sorprendernos que ésta sea justamente una colección atesorada por un diplomático, cuya misión es comunicar, descifrar, tender puentes; derribar barreras y desvanecer malos entendidos”.

El texto del gobernador, leído por Dionisio Meade, inicia diciendo que “no hay espejo más inescrutable que la mirada ajena sobre nosotros. Anhelamos vernos como somos vistos, pero descifrar lo que ve el otro en nosotros es, por lo general, tarea ardua que demanda paciencia y humildad”.

Carstens citó al poeta español Antonio Machado para expresar esta singular paradoja:

“El ojo que ves no es

Ojo porque tú lo veas,

Es ojo porque te ve”.

Para Carstens, las imágenes europeas significan una mirada que se da a la tarea de entender a México, la mayoría de las veces impregnada de afecto y simpatía por parte de Europa.

El gobernador abundó que este encuentro de imágenes produce un “milagro de la comunicación: al ser vistos, y al vernos como somos vistos, nos re-conocemos, vale decir: nos volvemos a conocer como diferentes y a la vez semejantes”.

La anterior reflexión de Carstens me recordó la obra “Nosotros y los otros” del filósofo Tzvetan Todorov, quien examina la diversidad humana, entre los problemas del etnocentrismo y el universalismo.

La visión de Carstens sintetiza la tensión entre ambas fuerzas de la siguiente manera:

“Conocemos al que nos ve. Y nos entendemos. De la extrañeza hemos pasado a la admiración y al respeto”, concluyó el banquero.

Por mi parte, mencioné que al final del siglo XVI las primeras imágenes que observaron los europeos del recién descubierto continente americano fueron las ilustraciones del grabador flamenco Theodore de Bry, quien, curiosamente, nunca viajó a América. 

Las estampas del dibujante estuvieron basadas en las crónicas y bocetos de la época de los exploradores. Pero los dibujos son producto de su imaginación: los indígenas parecen apolos griegos, altos y esbeltos. Sin embargo, son las mejores piezas de mi colección por su antigüedad, rareza, valor artístico e histórico.

Se puede decir que con Theodore de Bry nació la llamada leyenda negra de la conquista de América, por la forma exageradamente cruel como representó el dominio español del continente. 

La exageración se atribuye a que el artista flamenco estaba resentido por la ocupación de su patria, Flandes, por parte de los españoles y por la intolerancia a los luteranos perseguidos como él por la Contrarreforma.

Creo que el impacto negativo de las imágenes de De Bry fue más fuerte que la hazaña de las armas y la conversión de las almas.  España había ganado un continente, pero había perdido la guerra de la imagen.

Sin embargo, la corona española difundió posteriormente la obra La conquista de México, escrita por el cronista Antonio de Solís, en la que exalta la labor civilizadora en América. Fue un éxito editorial que se tradujo a las principales lenguas europeas.

A través del tiempo, México pasó de ser percibido como un lugar enigmático, bárbaro y exótico a uno de los países más ricos del mundo, en los albores de la Independencia. El real, la moneda de plata maciza, circulaba en casi todo el mundo, desde China hasta Estados Unidos.

Pero las divisiones políticas y luchas internas del México decimonónico dejaron al país escindido, endeudado y débil ante las intervenciones extranjeras. La historia nos proporciona lecciones que debemos aprender e imágenes que debemos recordar para derribar barreras, como expone Carstens en su texto.

En tono positivo, el gobernador invita “a contemplar este inventario de imágenes con el mismo espíritu de quien desea construir puentes de entendimiento; con los mismos ojos, curiosos, atentos, de quien se ve a sí mismo en la mirada del otro, de quien entiende al otro al ser visto por él”.

Mi agradecimiento al Banco de México por exponer la colección de grabados y litografías europeas México visto por Europa.

Posdata

México debería tener vergüenza de ser considerado un país con alta incidencia de corrupción, en lugar de que su presidente trate de relativizar el mal.

México ocupa el lugar 95 de 168 países en el índice de corrupción que elabora cada año Transparencia Internacional (TI). Y es el más corrupto entre los miembros de la OCDE, el llamado club de los ricos. Así nos miran actualmente.

La lista mundial de menor corrupción la encabezan Dinamarca, Finlandia y Suecia, pero TI advierte que ningún país está exento de corruptelas.

Así que ya lo saben, países nórdicos, no arrojen la primera piedra.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com