El efecto Pigmalión y el liderazgo

El capital humano es sin duda uno de los recursos más valioso con los que cuenta una empresa y un líder debe ser capaz de inspirar a los miembros de su equipo, proporcionando significado a su trabajo y logrando que hagan más de lo que en un principio esperaban hacer. Los buenos líderes imaginan, diseñan y construyen un futuro, en donde la actitud positiva y la motivación son esenciales para el éxito.

Los colaboradores no solo necesitan las habilidades para realizar su trabajo, sino además la confianza de que pueden hacerlo. Como expresaba Henry Ford, “tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”.  Así, el fomento de la confianza es sin duda una labor importante de los grandes líderes.

El profesor J. Sterling Livingston relata en su célebre artículo de 1969: “Pigmalión en la Administración” como el trato y las expectativas que tengan los gerentes sobre sus colaboradores determinarán en gran parte el desempeño de los colaboradores. El título de este artículo fue inspirado en Pigmalión, un escultor de la mitología griega quien crea la estatua de una mujer a la que trataba como si estuviera viva y que más tarde, por intervención de Afrodita, cobra vida.

J. Sterling Livingston comenta que un equipo de trabajo en el cual su gerente esté convencido de que sus colaboradores son excelentes se desempeñará de una mejor forma que un equipo en el cual su gerente opine lo contrario, incluso si el talento de los dos equipos es similar. La forma en que el gerente trata a sus colaboradores es sutilmente influenciada por lo que espera de ellos. Si las expectativas de los gerentes son altas, la productividad probablemente será excelente, pero si las expectativas son bajas, la productividad probablemente será inferior. De tal forma que el desempeño de los colaboradores pareciera que se ajustara a las expectativas del gerente y que la mayoría de las veces los colaboradores hacen lo que creen que se espera de ellos.

Así también, lo que los gerentes creen sobre sí mismos influye sutilmente en las expectativas que tengan sobre sus colaboradores y la forma de tratarlos. Así, los grandes líderes se distinguen por tener confianza en su habilidad para desarrollar en sus colaboradores la expectativa de un comportamiento de alto nivel y los tratarán con la confianza de que cumplirán con la meta propuesta.