Cambio y fuera

La “traición” de Semarnat

Suman mil firmas que se oponen al megaproyecto Cabo Dorado en Baja California Sur. El propio Consejo Consultivo para el Desarrollo Sustentable de la Semarnat propone la desaprobación de ese desarrollo turístico. ¿Por qué se insiste en llevarlo a cabo?

Ya suman mil las firmas de científicos, ambientalistas e instituciones nacionales e internacionales que se oponen al megaproyecto Cabo Dorado en Baja California Sur. El propio Consejo Consultivo para el Desarrollo Sustentable de la Semarnat en BCS propone la desaprobación de ese desarrollo turístico. Si los argumentos son contundentes y puntuales, ¿por qué entonces se insiste, por tercera vez, en llevarlo a cabo?

Alberto Székely, embajador de carrera del Servicio Exterior Mexicano, especialista en derecho internacional y en derecho del mar, ex miembro de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU y actual integrante de la Corte Permanente de Arbitraje Internacional de La Haya, responde. Intervino como abogado en la promoción del caso que llevaron Australia y Nueva Zelanda a la Corte Internacional de Justicia contra Japón por violar la normativa de caza de ballenas, lo que resultó, el 31 de marzo pasado, en una decisión, de dicha corte, condenatoria para Japón. Y está por viajar.

Pero antes de partir, el doctor Székely, cuya asesoría legal fue definitiva en la cancelación de Cabo Cortés en 2012, dice en entrevista: “Estamos en el umbral de un nuevo episodio de confrontación entre sociedad y gobierno y desarrolladores que podría haberse advertido, porque la presentación de este nuevo proyecto y su Manifestación de Impacto Ambiental eran notoriamente improcedentes desde el principio. Y Semarnat lo sabía”.

Ante “una canasta pletórica de argumentos de ilegalidad”, advierte, “la Semarnat no solo desatiende a la comunidad científica y ambientalista, sino que, en contubernio con los desarrolladores, emprende reuniones públicas manipuladas, no hay lugar para la voz disidente, se sataniza a opositores del proyecto y se da pie al encono y al enfrentamiento”. Todo esto tiene un saldo muy grave en la imagen de México hacia el exterior, ya perjudicada por la violencia, la corrupción y el crimen organizado. A esto “añádale inseguridad e incertidumbre jurídica, caos en el estado de derecho, la idea de que invertir aquí es un problema…”. Entonces resulta que “el primer enemigo de la atracción de inversiones positivas para México es, a veces, la propia autoridad y en este caso la Semarnat, que suele solapar proyectos que son manifiestamente ilegales”.

Lo dice abiertamente: “Cabo Dorado viene apadrinado por funcionarios de gobiernos panistas anteriores que salieron de mala manera del servicio público y persisten en este tipo de proyectos con un grupo incrustado dentro de la secretaría”. El mismo grupo que en los últimos meses, días y hasta horas del gobierno calderonista disparó una gran cantidad de autorizaciones de impacto ambiental —en donde se violaban una serie de normas vigentes— y concesiones mineras que ni siquiera se pudieron poner bajo el escrutinio público. Es decir, “Semarnat no ha cambiado, aunque haya nuevo titular. Y ese es el problema”.

Semarnat, concluye, “tiene que ser refundada radicalmente para que deje de traicionar, una y otra vez, la política de atracción de inversiones verdaderamente sustentables”.

Mientras, el mundo nos mira.

adriana.neneka@gmail.com