Cambio y fuera

La rebelión de los bailarines

El 1 de diciembre estuve en el Palacio de Bellas Artes durante el homenaje a Gloria Contreras en el primer aniversario de su muerte. Algo especial sucedió esa noche de danza, de Romeo y Julieta, de Alas para Malala con coros infantiles, de Huapango, de Sonámbula... y de la Orquesta Carlos Chávez. Era el público que electrizaba la sala a lo largo de toda la función, hasta que al final y de pie expresó a coro: "¡Gloria vive, la danza sigue!".

La consigna no solo expresa gratitud hacia la coreógrafa y creadora de 245 piezas, sino a la fundadora del Taller Coreográfico de la UNAM y a la maestra que constituyó en 1975 el Seminario del Taller Coreográfico Universitario, una asociación civil que, en convenio con la universidad, utiliza los salones del taller, gratuitamente, para impartir clases de danza a estudiantes, académicos, investigadores, trabajadores y sus hijos y ex alumnos que, generación tras generación, han invitado a la danza a transformar sus vidas.

Luego de 42 años, el seminario recibió un oficio el 15 de noviembre: el 31 de diciembre se da por terminado el convenio. Teresa Uriarte firmaba el documento antes de despedirse de la UNAM, y después de haber soltado el rumor de "opacidad" en el manejo de la asociación cuando su fundadora ya no está aquí para defenderse. Jorge Volpi, el nuevo coordinador de Difusión Cultural, es hoy la esperanza de una comunidad de 80 grupos, 19 maestros, mil 100 alumnos —desde los 4 años de edad hasta los 76— que, por una mínima cuota, se forman en ballet clásico, jazz, danzón, cumbia, swing, salsa ...

"¡Gloria vive...! se escuchó la semana pasada en Rectoría, donde bailarines niños, jóvenes y adultos acamparon durante tres días para defender el nombre y la existencia del seminario. Y es que, además de semillero de primeras figuras como Marco Antonio Silva, Isabel Beteta, Adriana Castaños, Manuel Morales... éste ha contribuido a la formación de públicos y a demostrar que no solo el dotado biológicamente para bailar puede hacerlo, sino que la belleza también se construye con inteligencia y voluntad.

Conmovido, Gregorio Luke, hijo de la coreógrafa, se ha unido con pasión a los bailarines en rebeldía. Me muestra la contabilidad del seminario en perfecto orden y expresa su esperanza en la UNAM. Sin salones, harán de toda la universidad un escenario, luego las calles, el Zócalo... Gloria Contreras estaría orgullosa.

adriana.neneka@gmail.com