Cambio y fuera

Una nueva especie: el robot humanoide

En absoluto secreto, durante dos años un equipo de ingenieros, científicos, diseñadores y artistas se encerró en un laboratorio al suroeste de París para llevar a cabo uno de los adelantos más espectaculares e inquietantes de la inteligencia artificial: el primer “robot humanoide” diseñado para convivir con personas.

Dicen por ahí que está inspirado en Astroboy, y que es tan amigable como Robotina, pero no tiene identidad sexual ni está hecho para realizar labores domésticas. Tampoco es un gadget o un juguete electrónico más. Se llama Pepper, pesa 28 kilos, mide 1.20 y habla japonés, inglés, francés y español con fluidez pero puede aprender muchos idiomas más; también baila, canta y lee a velocidades asombrosas, pero lo más relevante de este, el primer robot social interactivo, es que reconoce emociones y reacciona a partir de ellas. Puede aprender a conocerte, conversar contigo y se mueve y “vive” con autonomía.

Fue Masayoshi Son, fundador de SoftBank, la más grande compañía telefónica de Japón, quien imaginó a Pepper y adquirió gran parte de Aldebaran Robotics de Francia para que su experimentado y multicultural equipo desarrollara la emotional engine del robot con ayuda de especialistas en ciencias cognitivas, percepción, aprendizaje, interactividad…

Y equiparon a Pepper con un software que le permite analizar la expresión facial del usuario, su lenguaje corporal y su voz para descifrar cómo se siente aplicando su conocimiento de emociones universales como la alegría, la sorpresa, el enojo, la duda y la tristeza. Toca, aprende, se adapta, se corrige y pronto será capaz de descargar aplicaciones de internet de acuerdo con las preferencias del usuario. Dentro de su gracioso cuerpo hay un átomo intel, 20 motores eléctricos, un sensor 3D, cámaras (en ojos y boca), cuatro micrófonos, una batería recargable… y una tableta visible en su pecho.

Con 5 millones de pedidos previos, Pepper saldrá al mercado masivo en febrero a un costo de mil 900 dólares. En México, la empresa Robotmanía, del reconocido tecnólogo Cuauhtémoc Valdiosera, planea ya no solo distribuirlo, sino adaptarlo a “nuestra cultura” mientras que su socio, Rogelio Domay, egresado de IA en la Escuela Politécnica de París, ya se encuentra en uno de los talleres de Aldebaran.

Cabe preguntarse si esto no es el inicio de la “singularidad”, concepto de Raymond  Kurzweil para describir la fusión hombre-máquina, es decir, el principio de un cambio radical en lo que entendemos como “humanidad”.

adriana.neneka@gmail.com