Cambio y fuera

Las montañas son nuestras

Que un grupo de atletas haga suya la montaña para defender su derecho a realizar la actividad que les apasiona y alentar a otros a seguirlos, es tan valiente como esperanzador.

Mientras estudiantes, artistas y ciudadanos de todo el mundo toman las calles y las redes digitales en repudio por la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, irrumpe en el Ajusco la voz de un niño para defender, ante los delincuentes, su derecho a andar en bicicleta: “Ellos no son dueños de la montaña”.

Se llama Marco González, tiene 12 años y es un apasionado del ciclismo y la alta montaña, por eso hace un llamado a los deportistas a no abandonar una ruta tan bella como la Ajusco-Xalatlaco, donde fueron secuestrados el jueves pasado siete atletas de alto rendimiento y, en un segundo plagio ese mismo día, cuatro mujeres que hacían ejercicio en la zona.

El niño forma parte de un grupo de ciclistas y triatletas que el domingo, tres días después del doble secuestro, decidió ascender el Ajusco por la misma ruta en apoyo a los deportistas. Y le dijo a Adriana Díaz Reyes (ElUniversal, 03/11/14): “El miedo debe ser moderado, así como la seguridad al pedalear. Nosotros estamos convencidos de que ellos no son los dueños de la montaña, somos todos a quienes nos gusta rodar y lo vamos a seguir haciendo siempre”.

Junto a su padre, Edmar, y otros atletas coreó con energía: “¡Rueda sin miedo, sigue subiendo al Ajusco!”. Y exigen a las autoridades más seguridad en la zona. Porque, además de la competidora olímpica Fabiola Corona, su entrenador Carlos Probet, José Luis Fuentes, Esperanza Raya, Georgina y Alejandra Brusser y Alejandro Ibarrola, el mismo comando secuestró a otras cuatro mujeres que circulaban en bicicleta por la misma ruta, según información de Carlos Loret de Mola. Se pagó rescate y todos están libres, pero hasta ahora no hay detenidos.

Que un grupo de atletas haga suya la montaña para defender su derecho a realizar la actividad que les apasiona y alentar a otros a seguirlos, es tan valiente como esperanzador. Porque como advierte Leonel Narváez, colombiano, experto en procesos de paz: “El miedo es el peor consejero. Tenemos que salir a las calles y posesionarnos del espacio público y después, influir políticamente para que la policía, el Congreso y los jueces no sigan corrompiéndose”.

No hay que dejar la montaña a los delincuentes, dijeron los atletas. Y coincide toda la comunidad ciclista que, ante el secuestro de sus colegas y con el apoyo de clubes deportivos, convoca a participar en su iniciativa “Deporte sin miedo” corriendo o pedaleando el próximo sábado, de 8 a 8, alrededor del Zócalo capitalino: “por el derecho a entrenar, hacer deporte, pasear y disfrutar de la naturaleza sin miedo a ser secuestrado, asaltado o asesinado”.

Dice Marco: “Lo que más me gusta de pedalear es el paisaje, observar la naturaleza y al mismo tiempo hacer ejercicio”. Y nos recuerda no solo su derecho al deporte al aire libre, sino al de hermanarse con el entorno. Así, millones de niños y adolescentes en México podrían demandar su derecho a jugar en la calle, en el parque, en la plaza, en el campo, en la playa…

Por ellos y todos nosotros, por la generación de Marco y las que vienen hay que insistir: “la montaña es nuestra, el país es nuestro”.

adriana.neneka@gmail.com