Cambio y fuera

El llamado de Fausto / y II

Fausto salió de Oaxaca sin saber su nombre y hoy habla mixteco, español e inglés; da conferencias y talleres sobre culturas indígenas.

Un hombre de 30 años llega al campo de naranjas del Valle de San Joaquín, en California, donde trabajan inmigrantes campesinos. Lo ven de reojo, con desconfianza, y solo levantan la mirada cuando escuchan que les dice en su lengua, el mixteco, lo siguiente: “Levántense y que los cuenten en el censo. Es nuestra oportunidad de decirle al gobierno que nosotros los indígenas tenemos voz”.

Aquel hombre era Fausto Sánchez, según la crónica publicada en Los Ángeles Times el 27 de marzo de 2000. Al día de hoy, se calcula que hay más de 200 mil indígenas en California. Además de su labor como intérprete, él se dedica a abogar por ellos desde hace 15 años como parte de su trabajo en el Programa Indígena de la agencia California Legal Rural Assistance y es uno de los promotores más activos de la identidad y la defensa de los derechos de estas comunidades en Estados Unidos.

Fausto mira con tristeza lo que sucede en la frontera sur de Estados Unidos, donde se encuentran detenidos casi 60 mil niños centroamericanos y mexicanos. Se identifica con ellos: “Todos somos humanos y necesitamos una oportunidad. Si en nuestros países no la encontramos la, buscamos en otro lado. Sin una buena educación y sin la oportunidad de ir a la escuela, ¿cómo vamos a saber de leyes, de la sociedad, del mundo y de cómo gobernar? Aprender y abrir los ojos, eso es educación. Y cuando la hay, ya nada es imposible”.

Él salió de Oaxaca sin saber su nombre y hoy habla mixteco (alto y bajo), español e inglés, y da conferencias y talleres sobre culturas indígenas, sus lenguas, sus leyes, sus fiestas y tradiciones, pero también sobre sus necesidades y sus derechos. Es parte de la Mesa Directiva de la Unidad Popular Benito Juárez y, junto con Héctor Hernández y Paulino Cruz, ya prepara la octava versión de la Guelaguetza, From Oaxaca to California, que se realiza cada año en Bakersfield.

“Para mí ya nada es imposible. Con los tres idiomas puedo estar en cualquier lugar, sin problema”. Por eso, y porque no olvida lo que le decía su padre en mixteco: “Las letras hablan”, también lleva el programa Acceso al Lenguaje y aboga por la presencia de intérpretes para migrantes en las instituciones legales, educativas y de salud en EU.

Hace un llamado: “Que los gobernantes con el poder de ver por los otros miren a los niños y jóvenes que son el futuro, porque sin educación ¿qué clase de sociedad tendremos en 20 o 30 años? Si ellos no van a la escuela, si no saben nada, ¿qué estamos sembrando y qué vamos a cosechar? Un día nos lo van a reclamar”.

Hoy el reclamo tiene rostro en decenas de miles de niños que huyen de la pobreza, de la violencia y de la ausencia de un futuro en nuestros países. Y en el camino también tienen cara de negocio para traficantes que generan, según datos de la ONU en 2010, más de 6 mil 600 millones de dólares anuales a lo largo de sus rutas hacia EU.

Fausto Sánchez, que con mucho esfuerzo alcanzó la oportunidad de estudiar y trabajar, desde Arvin, en California, cultiva un sueño más: “Ya fui a la escuela, ahora es ir a la universidad para convertirme en consejero en Educación. Y si es para indígenas, mejor”.

adriana.neneka@gmail.com