Cambio y fuera

La liberación de Monsiváis

En el gran patio del Museo de la Ciudad de México, ahí donde un día Horacio Franco cubrió su féretro con la bandera del arcoíris, Carlos Monsiváis reapareció anteanoche. El mejor cronista de la Ciudad de México en el siglo XX, famoso por su poder de ubicuidad que le permitía presentar un libro, recibir un premio y participar en una mesa redonda al mismo tiempo, no podía perderse, seis años después de su partida, la presentación de El clóset de cristal, de Braulio Peralta.

Días antes busqué un ejemplar y el empleado de la librería me preguntó: "Ah, ¿es el que narra los amoríos de Monsi?" Y sí, es un libro acerca de la homosexualidad del escritor, pero también es la historia del movimiento gay en este país, el origen y devenir de sus protagonistas, sus luchas, debates, grillas y contradicciones, la irrupción del sida, los triunfos y los obstáculos, la perseverancia de una comunidad, diversa en sí misma, para hacerse visible y reclamar su sitio en la sociedad "...no para ser exactamente como todos, sino para ya no ser menos que nadie", como decía el cronista. Con todos ellos, Braulio nos guía hacia el interior del clóset de cristal desde donde Monsi se ocupaba de sus semejantes con la escritura... y ejercía su sexualidad sin hacer públicas sus preferencias.

Desde las primeras páginas, Braulio se desnuda antes de llevarnos a la intimidad de Monsiváis. Es decir, no escribe como observador, sino como testigo y partícipe de la historia. ¿Traición? Coincido con Sabina Berman: "Lo que cuenta es demasiado importante para la historia de este país (...) y se perdería si Peralta no lo narra". Y lo hace como amigo, admirador y crítico del escritor, como su cómplice de tantos años de luchas y, sobre todo, como periodista informado.

Afirma Braulio: "El sexo es diferente, pero el amor siempre es el mismo". Insiste: "Lo personal es político". Propone: "Leemos historias de amor y sexo heterosexuales y nadie se asusta. Ya es hora de que comencemos a contar nuestras historias de amor y deseo". Él lo hace y libera a Monsiváis del capelo.

También es hora de aceptar que la diversidad existe y aprendamos a convivir con ella. Que la gente salga del clóset y pueda luchar, con la que hoy marcha y discrimina, por un México menos violento y machista y por un México más libre y democrático. Con lugar para todos. Solo así, quizá, Monsi podrá descansar en paz.

adriana.neneka@gmail.com