Cambio y fuera

La lección de Angkor, Camboya

Amanecer en Angkor Wat es una experiencia única, nos dijeron. Así que con todo y jet lag nos lanzamos a las 5 de la mañana al sitio arqueológico más importante del sureste asiático enclavado en la selva de Camboya. Aún está oscuro, pero para nuestra sorpresa, el lugar ya está lleno de turistas listos para fotografiar el hermoso espectáculo de un templo milenario y majestuoso que emerge y se revela con la luz del sol y se refleja en las aguas de un estanque bajo un cielo que por segundos cambia de color para iluminar los monumentos del Imperio Jémer.

La magia del silencio se rompe con el continuo clic, clic, clic de cámaras y celulares de gente de todas las razas que constituye un espectáculo paralelo: el de una generación a la que ya no le basta mirar las maravillas porque lo de hoy es autorretratarse en las más diversas escenografías.

Así, hoy en día son mil millones de turistas los que cada año se desplazan por el mundo, según la Organización Mundial del Turismo (OMT). Este sector aporta 9 por ciento del PIB del planeta y genera uno de cada 11 empleos. En el parque de Angkor, que abarca 400 kilómetros cuadrados, más de cien templos y miles de estructuras, el incremento ha sido asombroso: de 22 mil visitantes en 1992 (cuando fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco), a 120 mil en 2010, hasta 4 millones que recibió en 2014.

Después de 25 años de conflicto en Camboya, Angkor pasó, en solo dos décadas, de la lista de sitios en peligro, a referencia mundial de éxito en conservación. Por eso, más de 900 expertos y ministros de 100 países se reunieron hace dos semanas en la ciudad de Siem Reap, aledaña al parque, durante la primera Conferencia Mundial sobre Turismo y Cultura de la OMT y la Unesco. Porque el reto hoy es que la salvaguarda del legado vaya de la mano de un turismo sostenible. Y porque, bien gestionado, éste puede revitalizar el patrimonio, generar recursos de conservación, frenar la pobreza y el éxodo rural con oportunidades de empleo para comunidades locales y fomentar el intercambio cultural. De lo contrario, puede ser devastador.

Un buen Plan de Manejo, un Proyecto de Desarrollo y Participación Comunitaria, un Mapa de Riesgo en monumentos y recursos naturales y la cooperación internacional han sido claves en el éxito de Angkor.

Recorro Bayón, Ta Prohm, Banteay Srei… en medio de una sinfonía interminable de clics y me pregunto si será posible que “cada turista sea guardián del patrimonio” como propone la Unesco.

adriana.neneka@gmail.com