Cambio y fuera

"El fin del poder" y Facebook


Mark Zuckerberg descubrió de pronto que leer libros “es intelectualmente muy satisfactorio”, porque “te permiten explorar con mayor profundidad los temas frente a la mayoría de los medios audiovisuales”. Entonces, el joven multimillonario fundador de Facebook, abrió el 3 de enero A year of books, un club de lectura en su red social donde cada 15 días propondrá un título a comentar. La primera sugerencia, El fin del poder, de Moisés Naím, tomó por sorpresa al autor venezolano, a las librerías, a Amazon, donde se agotó el libro en solo tres horas, y a los editores que ya reimprimen y negocian la traducción a múltiples idiomas.

Había vendido 20 mil ejemplares desde 2013, pero Zuckerberg lo catapultó. “Empresas que se hunden, militares derrotados, Papas que renuncian y gobiernos impotentes; cómo el poder ya no es lo que era”, leo en la portada y abro el libro.

Se trata de un largo ensayo donde el autor desmenuza de qué manera se está reconfigurando el mundo que vivimos mientras se degrada el poder que, en el siglo XXI, es “cada vez más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder”. El poder, dice Naím, está fluyendo de quienes tienen más fuerza bruta a quienes tienen más conocimientos, de los países del norte a los del sur y de Occidente a Oriente, de los viejos gigantes financieros y de comunicación a empresas más jóvenes y ágiles, de los dictadores aferrados al poder a la gente que protesta en plazas y calles y, en algunos países, de hombres a mujeres y de los más viejos a los jóvenes.

En resumen, las instituciones y los grandes poderes centralizados se debilitan mientras ascienden “micropoderes” más diversos y plurales que los desafían. El problema es que ahí caben, desde organizaciones avanzadas y geniales innovadores, hasta movimientos extremistas y violentos. Y en esta dispersión del poder todos tienen capacidad suficiente para impedir la iniciativa de los demás, por lo que las decisiones no se toman o se toman demasiado tarde. Esto ha impedido abordar con eficiencia grandes problemas de nuestro tiempo que requieren de la participación de grupos y agentes variados, como el cambio climático, las crisis económicas, la pobreza y el desempleo, el tráfico ilícito, el terrorismo... Por un lado, la democratización del mundo; por el otro, el riesgo a la parálisis y al caos.

Naím retoma la definición de poder de un joven campeón de ajedrez: “Me gusta dictar lo que tiene que hacer el otro jugador”. Exactamente lo que hace Zuckerberg con muchos de nosotros.

adriana.neneka@gmail.com