Cambio y fuera

La era de la distracción

Los dispositivos digitales seducen, pero hay que aprender a darles vacaciones antes de que ellos aprendan a gobernarnos.

Mientras escribo este texto, un tono me avisa que hay un nuevo correo en el buzón electrónico, otro más me alerta que en el Inbox de Facebook alguien me escribe, segundos después el celular emite la señal de que ha entrado un mensaje en WhatsApp… y cuando opto por apagarlo todo, la concentración ya se fue de vacaciones.

La era del acceso instantáneo a la información y de la ubicuidad que ofrece la tecnología digital nos tiene tan fascinados como distraídos. Palabras como atención y paciencia empiezan a despedirse del diccionario, convertidas en capacidades en vías de extinción.

Si a los inmigrantes del entorno digital nos inquieta lo anterior, los nativos que crecieron rodeados de dispositivos ¿requieren de esas capacidades para vincularse a fondo con el mundo?

El reconocido psicólogo Daniel Goleman alerta sobre la necesidad de cultivar habilidades de atención sobre todo en niños y adolescentes, antes de que sea tarde. La razón: el cerebro es el último órgano del cuerpo en terminar de formarse y esto sucede hasta los veintitantos años de edad. En ese lapso, el circuito neuronal de la atención requiere de la experiencia de episodios sostenidos de concentración para desarrollarse. El autor de Inteligencia emocional y de Focus explica que el área del cerebro, en la corteza prefrontal, donde se genera la capacidad de concentración, es la misma que produce las neuronas espejo que hacen posible la empatía. Es decir, la habilidad de concentrarse está relacionada con la del control de las emociones y con la capacidad de ponerse en lugar de los demás.

En su texto, La era de la distracción, Katrina Schwartz cita un famoso estudio realizado en Nueva Zelanda por psicólogos y neurocientíficos de la Universidad de Duke con más de mil niños nacidos entre 1972 y 1973 a quienes se les dio seguimiento regular durante ocho años midiendo su habilidad de poner atención. Después los ubicaron cuando tenían 32 años de edad para comprobar que no fue el IQ ni el estatus socioeconómico, sino la capacidad de concentración lo que determinó el nivel de realización profesional en la vida de los individuos.

Para Goleman la idea de que los nativos digitales son más capaces que sus padres de ejercer varias tareas simultáneas, habilidad conocida como multitasking, es un mito. Lo que practican es lo que él psicólogo llama “atención parcial continua”, la que obliga al cerebro a ir de una tarea a otra sin concentrarse a fondo en ninguna de ellas. La tendencia es menos pronunciada cuando las acciones son rutinarias, aclara, “pero puede tener implicaciones significativas en la profundidad con la que entiende un estudiante algún nuevo concepto”.

En un seminario internacional de Lengua y Periodismo realizado en España en junio, se concluyó que los nativos digitales “son el eslabón más débil en la cadena de la corrección lingüística y corren el riesgo, si el sistema educativo no lo corrige, de simplificar en exceso la lengua y, por lo tanto, el pensamiento”.

Los dispositivos digitales se multiplican y seducen, pero hay que aprender a darles vacaciones antes de que ellos aprendan a gobernarnos.

adriana.neneka@gmail.com