Cambio y fuera

Las buenas noticias

Suele decirse que las buenas noticias no se publican, pero a veces se imponen.

Hace unos días, todo el público que atiborró el auditorio del Museo Franz Mayer escuchó la historia de Alan, un joven de 21 años que contó su vida, similar a la de millones en este país: “Esto no es una película ni un documental, lo que les platico y lo que vivimos los niños de la calle es real (…) No esperamos una moneda, sino que alguien se acerque, nos abrace y que por unos minutos nos haga sentir que somos parte de ellos”.

A él un día lo abrazó sor María del Carmen Fuentes, la fundadora de Paco (Promoción y Acción Comunitaria IAP), lo acogió en su institución y le cambió la vida, le dio estudios, servicios de salud, atención psicopedagógica, rehabilitación del alcohol y las drogas y la idea de un futuro. Hoy es independiente, cuenta con dos carreras técnicas y tiene un trabajo digno. Como él, miles de niños, desde hace más de 50 años, han pasado por los mismos brazos. Y como Arturo, de 14 años de edad, un centenar se pregunta hoy: “¿Qué sería de mí si no estuviera aquí?”

Esa noche asistieron muchos niños y jóvenes de Paco, con sus antecedentes de calle, maltrato, abuso sexual, adicciones... Como Yahir, que ahora estudia informática; Arturo, que prefirió ingeniería electrónica; David, que optó por negocios internacionales… Todos en homenaje a esta monja sin congregación, psicóloga, rebelde, brava y tenaz que propone que la Iglesia salga a ventilarse a las calles, que cuestiona el machismo que hay en el clero y que tiene predilección “por los malos”, porque “son víctimas de la realidad”. Ella, que se niega al protagonismo, aceptó a regañadientes un reconocimiento y la publicación de Sor, la historia de Paco, el legado de María del Carmen Fuentes a los más desprotegidos, libro de Teresa Martínez Arana que se presentó en el centro de esta ciudad tan conocido por los niños.

María también contó su historia, que inicia cuando su madre se embaraza a la edad de 15 años. Lo que sigue es dramáticamente común: pobreza, maltrato físico y psicológico, abandono… la responsabilidad, cuando niña, de cuidar a sus hermanos menores, pidiendo dinero en la calle, robando el pan en la panadería… un padrastro que golpea a su mamá… hasta que la depositaron en Paco junto a tres de sus seis hermanos. Tardó en sanar, salió adelante, hoy es maestra de una escuela y además realiza un trabajo educativo comunitario en Querétaro. Porque, dice, “eso hicieron conmigo y aprendí”.

Según Filantropía, la asociación dedicada a calificar las organizaciones de la sociedad civil sin fines de lucro, solo en 2011, Paco benefició a mil 370 niños y a 4 mil 521 familias. Porque su labor y la de un equipo multidisciplinario se extendieron a toda la comunidad a la que brinda educación, servicios de salud, talleres, bolsa de trabajo, escuela de padres, rehabilitación… en una zona de esta ciudad, la colonia Revolución, donde el narcomenudeo está al acecho de los jóvenes. Y sor María, al acecho de niños en riesgo.

En medio de tanto desasosiego, a veces la generosidad humana irrumpe para decirnos que puede ser noticia. Y hay que contarla.