Cambio y fuera

"Tsunami" de tabletas

Llevamos más de una década experimentando con proyectos educativos centrados en la infraestructura tecnológica escolar sin considerar los contextos.

El problema de la educación no es tecnológico, sino filosófico. Equipar escuelas con nuevas tecnologías sin una transformación en los métodos de enseñanza-aprendizaje “siempre será un gasto inútil”. Lo advertía David D. Thornburg, el reconocido consultor del Instituto para el Futuro del Congreso en Estados Unidos, en el umbral del siglo XXI.

Después de Enciclomedia, de Habilidades Digitales para Todos y de inversiones millonarias sin fruto a lo largo de 12 años, la SEP lanzó en 2013 el proyecto de una laptop para cada niño de quinto y sexto de primaria, que inició con el reparto de 240 mil equipos en Tabasco, Colima y Sonora. Ahora, con el nombre de Inclusión y Alfabetización Digital y una inversión de 2 mil 510 millones de pesos, añade otro proyecto “piloto” que incluye la compra, vía licitación, de 709 mil tabletas que regalará a los alumnos de quinto de primaria en Colima, Sonora, Tabasco, DF, Edomex y Puebla. Además, contempla una segunda licitación para la llamada “solución de aula”, que consiste en una laptop para el docente, un ruteador para interconectar el dispositivo del maestro con la tableta de los niños, y un servidor con acceso a internet en 20 mil escuelas. Y no se habla de otra cosa que de tecnología, mientras que los editores alzan la mano para participar en la elaboración de contenidos.

Tres grandes inventos, a lo largo de la historia, han impactado la educación: el alfabeto, la imprenta y la tecnología digital. Cuando la información era un bien de difícil acceso, entonces el maestro fungía como pieza clave en la transmisión del mundo de la información y los contenidos. Ese mundo, como dice Thornburg, ya no existe. Desde la revolución digital, la información está en la punta de los dedos con internet y las habilidades más valiosas que la escuela debe promover son cómo encontrar la información, cómo determinar qué tipo de información es relevante y cómo identificar si ésta es auténtica. Porque si antes lo impreso era sinónimo de verdadero, el mundo de información que circula hoy en día requiere capacidad crítica del usuario para seleccionar lo que tiene sentido y creatividad para hacer de lo aprendido algo significativo en su vida. La “escuela” del siglo XXI ya no es un sustantivo (lugar), sino un verbo (actividad) y sucede todo el tiempo. Si lo escaso en el pasado era la información (acceso a los contenidos), hoy son los contextos y los significados, ecosistemas que favorezcan el aprendizaje para toda la vida y para todos: alumnos, maestros, padres de familia y comunidades enteras.

Llevamos más de una década experimentando con proyectos centrados en la infraestructura tecnológica escolar sin considerar los contextos. Otros países que pasaron por esa etapa ahora se preocupan por rescatar habilidades como la paciencia, la concentración y la perseverancia, que parecen extinguirse frente a la presión externa, social y tecnológica, que empuja hacia la inmediatez, la velocidad y la urgencia de gratificación instantánea.

El acceso es un paso necesario, pero no es sinónimo de aprendizaje. También se requiere de un equipamiento interno.

adriana.neneka@gmail.com