Cambio y fuera

Tributo a Berta Cáceres

Desde su asesinato en Honduras el jueves pasado, me pregunto cómo es que Berta Cáceres aprendió a escuchar al río desde niña y luego emprendió su lucha, valiente y pacífica, por la defensa de la naturaleza y su relación sagrada y vital con los pueblos indígenas. La mataron, sí, pero nadie puede ya impedir que su voz llegue a todos los rincones del mundo y siembre conciencia.

Apenas en 2015 recibió el prestigioso Premio Goldman, Nobel de Ecología, y su discurso fluye como río en las redes: "En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos, es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta".

Hizo un llamado a despertar, porque "ya no hay tiempo", y a dejar de contemplar la autodestrucción para defender a la Tierra con acciones. Algo parecido dijo Leonardo DiCaprio en su admirable discurso la noche del Oscar cuando ganó un merecido premio. Como él, Berta recibió una ovación en San Francisco, pero luego murió a balazos. Y es que en América Latina sucede, según Global Witness, 75 por ciento de los asesinatos de activistas defensores del medio ambiente.

La lucha de Berta tuvo frutos en la organización del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copinh) que fundó en Honduras, que unió al pueblo lenca, la mayor etnia indígena de su país, y logró detener la realización de una presa hidroeléctrica en el río Gualcarque, que obligaría a la comunidad a dejar sus tierras y el río, fuente sagrada de supervivencia.

Bajo constantes amenazas, Berta siguió su batalla contra proyectos depredadores. Murió como 109 activistas más, asesinados en Honduras desde 2010, y como 116 en el mundo durante 2014, por resistirse a perder su entorno debido a concesiones de gobiernos a empresas trasnacionales. Murió en brazos de su colega Gustavo Castro Soto, un ambientalista mexicano que resultó herido y, como único testigo del asesinato, es retenido por el gobierno hondureño en ese país donde su vida está en riesgo.

"Cuando iniciamos la lucha (...) iba a la orilla del río y podía sentir lo que me decía; sabía que sería difícil pero también que triunfaríamos, porque el río me lo dijo". Según la tradición lenca, en los ríos, "sangre de la Tierra", residen los espíritus femeninos y las mujeres son sus guardianas. Las palabras de Berta fluyen hoy en las venas del ciberespacio. Y una ola mundial de indignación y solidaridad se levanta en su nombre.


adriana.neneka@gmail.com