Cambio y fuera

“Tercera llamada” en Cuernavaca

"Yo tuve un sueño" cumplió 100 representaciones; su testimonio cala hondo y concientiza. Ciudadanos que marchan por la paz y Calle Libertad parecen decirnos que en Cuernavaca es posible la primavera.

Es viernes por la tarde y las calles guardan el eco de las demandas de cuatro mil médicos y enfermeras que exigen seguridad, no más asesinatos, levantones ni asaltos dentro de hospitales, clínicas y centros de salud. Se suman al clamor de miles más que, cinco días antes, marchaban, vestidos de blanco por la paz, contra la violencia y la impunidad en el estado que encabeza la lista de secuestros a escala nacional. Y en algún lugar de la ciudad se escuchaba: “Primera llamada”.

Una vez que trabajadores de la Salud, del IMSS, del Issste y de hospitales privados, así como del Colegio de Médicos y de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, advierten a las autoridades que el secuestro y asesinato de la enfermera María del Rocío Rendón, encontrada en la cajuela de su coche el pasado 3 de marzo, es la gota que derrama el vaso… en algún lugar de Cuernavaca se daba la segunda llamada.

Cuando el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública daba a conocer que Morelos es el estado con mayor índice de secuestros (8.24 por cada 100 mil habitantes), el segundo en asesinatos (44 por cada 100 mil) y el Sistema Nacional de Seguridad Pública indicaba que las extorsiones aumentaron en enero de este año en 400 por ciento con respecto a 2013… en el centro de la capital se escuchó la tercera llamada.

Y comenzó la función. En el escenario, un grupo de ex convictos, hombres y mujeres, de todos los estratos sociales representan la obra Yo tuve un sueño, es decir, su historia, la de jóvenes que, desde la abundancia o la carencia, pero siempre desde el vacío, la desatención y el desamor, se enganchan al alcohol y a la droga, luego al narcomenudeo, al robo… y terminan en prisión o en un anticipado encuentro con la muerte. “Esto pasa, nadie nos lo contó, lo vivimos”, dicen los actores en su posterior diálogo con el público. Y el auditorio, lleno, en el Centro Comunitario don Bosco se identifica y conmueve porque todos ahí tienen un hermano, una hija, un sobrino en esas circunstancias o en riesgo de caer. Desde mi lugar recuerdo que adicción significa “lo no dicho” o “ausencia de palabra” cuando un hombre, desde su dolor, alerta: “Creí que era un buen padre, pero no tenía tiempo de platicar… y hoy sigo buscando el momento en que perdí a mi hijo.” Luego, una jovencita: “No nos dejen solos”.

La compañía de teatro Calle Libertad nació hace cinco años cuando actuó por primera vez en este auditorio. Pero empezó a gestarse cuando José Juan Pedraza era director de los Ceresos de Querétaro (de 2004 a 2009) y, convencido de que todo interno puede rehabilitarse con disciplina y construcción de valores, creó un proyecto cultural y deportivo donde el teatro le cambió la vida a mucha gente. Terminada su gestión, continuó su labor afuera con ex convictos. Y el viernes pasado, Yo tuve un sueño cumplió 100 representaciones en diez estados del país, donde su testimonio cala hondo y su autenticidad concientiza más que mil campañas.

Los médicos y enfermeras, los ciudadanos que marchan por la paz y Calle Libertad parecen decirnos que en Cuernavaca todavía es posible la primavera.

adriana.neneka@gmail.com