Cambio y fuera

Salud mental

El tema nos compete a todos. Porque todos tenemos algún pariente, amigo o compañero de trabajo que padece alguna adicción, un trastorno bipolar, déficit de atención, autismo, asperger, ansiedad, anorexia, alzhéimer… y sobre todo, depresión. Y nos atañe porque en México fenómenos como la violencia, la pérdida, la desaparición de personas y el dolor hacen estragos en la salud mental de una población donde el estrés postraumático, el miedo y la ansiedad aumentan día con día, sin que sean atendidos.

Hay datos que sacuden: entre 1980 y 2010 el suicidio en México aumentó en más de 500 por ciento en el caso de niños y adolescentes de 10 a 14 años y en poco más de 180 por ciento para aquellos de 15 a 19 años. A escala global: la depresión es la segunda causa de discapacidad, sobre todo en mujeres; cada siete segundos alguien desarrolla una demencia y 90 por ciento de quienes se suicidan padece algún trastorno mental. Menos de la mitad recibe tratamiento. “¿Qué estamos dejando de hacer?”, se pregunta el doctor Juan Ramón de la Fuente.

Junto con De la Fuente y Gerhard Heinze, jefe del departamento de Psiquiatría en la facultad de Medicina de la UNAM, que coordinaron la edición, un grupo de expertos en México responde con su libro Salud mental ymedicina psicológica (Mc Graw Hill), donde no solo hacen un diagnóstico de este país y del mundo, sino que buscan alzar la voz acerca de un tema global “que debiera ser parte de la agenda nacional”, con alternativas de políticas públicas destinadas a disminuir el sufrimiento de millones de personas.

Entre múltiples hallazgos recientes en el campo de las neurociencias que encuentro en el libro, uno es que “el cerebro se construye socialmente” y que las dicotomías mente-cuerpo, biología-ambiente o fármacos-psicoterapia han quedado atrás. En la vida de una persona “todo importa”. Desde ahí, por ejemplo, los autores proponen mirar el problema de las adicciones como un asunto de salud pública que requiere prevención y estrategias basadas en la evidencia científica. Y ésta indica que la dependencia es una enfermedad del cerebro, moldeada por el medio ambiente, de naturaleza crónica, por lo que es el tratamiento y no la cárcel, la respuesta adecuada. Y es el bienestar del individuo y de las comunidades, y no el número de detenciones, el indicador con el que debería medirse la eficacia de las políticas públicas.

Es solo un ejemplo dentro del universo temático de este libro lleno de información y de propuestas que un grupo de mentes brillantes pone en nuestras manos.

adriana.neneka@gmail.com