Cambio y fuera

"La Reina Roja", aniversario silencioso

Su probable identidad como Tzak Bu’ Ahau, esposa del gran Pakal, aumenta la curiosidad y el interés, porque junto con él, esta mujer llevó a Palenque a su época de mayor esplendor.

En su más reciente libro, Grandes hallazgos de la arqueología, Eduardo Matos escribe: “Privilegio poco frecuente es este de llegar hasta el mundo de los muertos”. Y agrega: “El arqueólogo tiene el poder de dar vida a lo muerto al penetrar en el tiempo y el espacio para llegar, absorto, ante el rostro de la muerte”.

Así llegó en 1922 Howard Carter a la tumba de Tutankamón; lo mismo, quienes hallaron en 1974 la tumba del emperador chino Qin Shi Huangdi; igual, Alfonso Caso al encontrar en 1932 la tumba siete de Monte Albán o Alberto Ruz Lhuillier en 1952 cuando descubrió la tumba de Pakal. Más recientemente, Arnoldo González Cruz y Fanny López Jiménez abrieron las compuertas del inframundo maya cuando encabezaron el hallazgo de la tumba de La Reina Roja en Palenque, Chiapas.

Sucedió hace 20 años, en el amanecer del 1 de junio de 1994. Entonces vieron que en las entrañas de una pirámide yacía un sarcófago y, en su interior, los restos intactos de un personaje de la de más alta jerarquía gobernante de los mayas en su época clásica. Era La Reina Roja que, bañada en cinabrio y jade, volvía, luego de mil 300 años sepultada, para cambiar el color de la tinta con la que se escribe la historia.

Porque después de dos décadas de investigación en torno a su misteriosa identidad, la importancia de la mujer en la historia de la vida de los mayas cobró nuevo brillo. Mujeres gobernantes, guerreras, tejedoras y artesanas generadoras de riqueza y guardianas de los libros sagrados. Están en los tableros otorgándole al gobernante los símbolos de poder. Están en el universo sagrado con Ixchel, patrona del trabajo femenino, desde el tejido hasta la curación y la adivinación. O con la diosa Luna, hija de Itzamná y patrona de los poderes procreativos de la mujer. Y están en el mundo terrestre, donde alcanzaron el poder, muchas veces vestidas como deidades y, al igual que los hombres, en comunicación con el mundo sobrenatural.

La noticia del hallazgo de La Reina Roja dio la vuelta al mundo. Años después, la revelación de su probable identidad como Tzak Bu’ Ahau, esposa del gran Pakal, aumenta la curiosidad y el interés de investigadores, artistas y nuevas generaciones ávidas de historias. Porque junto con Pakal, esta mujer llevó a Palenque a su época de mayor esplendor.

Ante eso, me pregunto: si Rafael Tovar y María Teresa Franco fueron en 1994, como lo son hoy, titulares de Conaculta y el INAH respectivamente, ¿por qué el silencio en torno al 20 aniversario de este hallazgo? ¿Lo olvidaron? O tendrá razón Manuel Gándara, ex director de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, cuando le dice a Yanireth Israde (Reforma, 27/V/4) que el tema de la comunicación es uno de los pendientes del INAH en sus 75 años: “Somos malos para comunicar de qué se trata la arqueología, luego nos molesta que el público no entienda, que las entidades federales o la iniciativa privada destruyan el patrimonio (…)”.

Al final, como dice Baba Dioum: “Conservaremos solo aquello que amemos; y amaremos solo aquello que entendamos y entenderemos solo aquello que se nos enseñe”.

adriana.neneka@gmail.com