Cambio y fuera

El Polyforum, la epopeya de Siqueiros

El hombre “necesita espacio a su alrededor, necesita grandeza”, decía Siqueiros. Cuarenta años después, miles de ciudadanos abrazan su sueño.

Todo comenzó en 1966 cuando Manuel Suárez contrató a Siqueiros por dos años para realizar una obra monumental cuyo destino sería la sala de convenciones del hotel Casino de la Selva en Cuernavaca. Posteriormente, el proyecto multiplicó sus dimensiones a 4 mil 355 metros cuadrados y su destino cambió al Polyforum, en el Parque de la Lama de la Ciudad de México.

La obra, me contó Angélica Arenal en una entrevista realizada en 1980, “representó para la familia el más grande desequilibrio económico”. Y es que, según la viuda del pintor, “Suárez se desentendió del costo que significaba una obra de tales proporciones y fue Antonio Ortiz Mena, entonces secretario de Hacienda, quien le proporcionó a Siqueiros, a través de Altos Hornos de México, el metal y el hierro que se requería para las estructuras de acero de los gigantescos caballetes necesarios para la ejecución de la esculto-pintura”.

Siqueiros y Arenal utilizaron sus reservas económicas para construir en Cuernavaca el taller donde se realizarían los murales. Era necesario acondicionar un espacio capaz de albergar y trasladar los 72 paneles de asbesto con un peso de 550 kilos cada uno y tres toneladas de pintura para cubrir esa enorme superficie que daría origen a la obra cumbre del pintor.

En su libro Páginas sueltas con Siqueiros, Angélica Arenal le escribe a su esposo: “Tu sueño, poseer un inmenso taller con máquinas, con grúas y con andamios, se había convertido en realidad. Trabajabas febrilmente como un iluminado con un gran equipo de colaboradores no solo integrado por mexicanos, sino también por artistas de América Latina, de Europa, de los países árabes y hasta del Japón”. Y evoca “los momentos sublimes, cuando diste los primeros brochazos sobre los paneles. Me acuerdo que frente a esos relámpagos de color destapamos una botella de champaña”.

En La Tallera se concretaría toda la experiencia, la investigación y los estudios de Siqueiros para crear una nueva época del muralismo con métodos, materiales y perspectivas inéditos en el mundo. A lo largo de seis años reunió a cerca de 50 colaboradores, entre pintores, escultores y ayudantes, químicos, ingenieros y fotógrafos. Sin embargo, según Arenal, “no recibió los millones que la gente suponía, la única oportunidad de recibir un beneficio económico la rechazamos porque significaba aceptar una cuota mensual por las entradas al Polyforum, y preferimos que no se cobrara nada”. En ocasiones, la situación se tornó “dramática” y el maestro tenía que interrumpir la obra y pintar al caballete para poder pagarle a sus ayudantes y obtener colores para los murales.

Así, tras un esfuerzo épico de 16 a 18 horas diarias de trabajo, la obra quedó terminada y el Polyforum se inauguró en 1971 cuando el pintor tenía 74 años de edad. A los 77 murió de un cáncer fulminante. Había plasmado la conciencia del hombre, su drama y su tragedia en el mural más grande del mundo: La marcha de la humanidad.

El hombre “necesita espacio a su alrededor, necesita grandeza”, decía Siqueiros. Cuarenta años después, miles de ciudadanos abrazan su sueño.

adriana.neneka@gmail.com