Cambio y fuera

Octavio Paz y la religión

“Mis diferencias y coincidencias con la Iglesia católica y en general con la religión cristiana no han cambiado. Pero más allá de mis ideas y creencias personales, vivimos un momento crucial en la historia política y espiritual de México”

Recuerdo que llovía. Aquel sábado 12 de mayo de 1990, el papa Juan Pablo II visitaba el país por segunda vez y en la Biblioteca México de la Ciudadela se reunía con “intelectuales y el mundo de la cultura”.

Silvio Zavala daba el discurso de bienvenida y recordaba la obra de Vasco de Quiroga y la de fray Julián Garcés, pero sus palabras, que apuntaban a la defensa de la libertad y los derechos indígenas, se mezclaban con gritos de “¡Viva Cristo Rey!” que tomaron por asalto el patio central de la biblioteca. Al final del acto, vi a Octavio Paz y lo abordé. Se detuvo y, con una amabilidad que no olvido, sacó de la bolsa de su saco un papel que leyó frente a la grabadora:

“Este acto para mí no tiene, y supongo que para nadie, una significación realmente religiosa, sino histórica. Mis diferencias y coincidencias con la Iglesia católica y en general con la religión cristiana no han cambiado. Pero más allá de mis ideas y creencias personales, vivimos un momento crucial en la historia política y sobre todo en la historia espiritual de México.

“En 1810 se inició una lucha que se agravó en 1857 y que se ha prolongado hasta el siglo XX. Esa lucha es hoy anacrónica. El jacobinismo de nuestros abuelos liberales es tan anacrónico como el grito “¡religión y fueros!” de nuestros abuelos conservadores. La visita del Papa cierra un capítulo de nuestra historia. Un largo capítulo que ha durado cerca de dos siglos. La separación entre la Iglesia y el Estado es un hecho consumado que nadie discute, pero separación no quiere decir ni guerra ni pelea. Es hora de un mutuo reconocimiento.

“Los mexicanos nos reconciliamos con nuestro pasado y nos reconciliamos con nosotros mismos. Hay un aspecto de las palabras recientes del Papa que quisiera destacar: su condena de la injusta y la egoísta riqueza. La caída en Europa de las dictaduras burocráticas que gobernaban bajo la máscara del socialismo no debe interpretarse como la cancelación de las aspiraciones hacia la justicia social y la fraternidad, sobre todo en México, donde hay tanta gente que sufre. Al contrario, ahora es más urgente denunciar y combatir las inequidades, las injusticias y el crudo materialismo de las democracias capitalistas liberales. La voz de los cristianos ha sido en el pasado y ha vuelto a ser en nuestros días la voz de los desposeídos que piden justicia y de los oprimidos que claman libertad. Pienso en los misioneros del siglo XVI. Pienso en Vasco de Quiroga, pienso en Sahagún y, sobre todo, también ahora pienso en los obreros polacos de Solidaridad. Esto es lo que me parece fundamental en la nueva coyuntura histórica y espiritual de nuestra época y por eso vine aquí”.

En sus palabras llovía pasión por el mundo. En su poesía, pasión por los otros: (…) soy otro cuando soy, los actos míos / son más míos si son también de todos, / para que pueda ser he de ser otro, / salir de mí, buscarme entre los otros, / los otros que no son si yo no existo, / los otros que me dan plena existencia…

Y en su centenario, Paz nos recuerda que la posteridad le pertenece al arte. Desde el lunes, el patio central de la Biblioteca México lleva su nombre.

adriana.neneka@gmail.com