Cambio y fuera

Navidad en una isla

Parece cuento: en un lejano y hermoso país, rodeado de volcanes, glaciares, acantilados y mares, en la Navidad todos se regalan libros.

Jolabokaflod, que significa “inundación navideña de libros”, es el nombre de esta tradición en la que cada habitante recibe de regalo, por lo menos, dos títulos en pasta dura y bellamente envueltos cada 24 de diciembre. Antes de la Nochebuena, llega a la puerta de todas las casas el Bokatidindi, un catálogo gratuito de toda la obra literaria local publicada ese año. Y un mes después de las fiestas, la tradición continúa con un gran mercado de libros a bajo costo en la capital del país. Dos tercios de los títulos editados cada año se lanzan durante la temporada y en solo tres semanas se venden, en promedio, un millón de ejemplares.

Este lugar mágico, que inspiró a Julio Verne para escribir Viaje al centro de la Tierra, que fascinó a Tolkien y a Seamus Heaney, tiene solo 320 mil habitantes. Pero uno de cada diez escribe y publica un libro al menos una vez en su vida, de manera que es el país con el más alto índice de lectura y de publicaciones per cápita en el mundo. Un refrán popular dice que todos los aquí nacidos “tienen un libro en la panza”, es decir, darán a luz una novela o un poema algún día.

Aquí, donde las noches llegan temprano, las populares sagas medievales, los poemas éddicos (inspirados en la mitología nórdica), las historias de vikingos, aventuras y viajes circulan de boca en boca o en papel. La literatura infantil, la poesía, la narrativa, las sagas modernas y un nuevo auge de la novela policiaca y la biografía inundan cada rincón con relatos y es posible encontrar, hasta en las gasolineras, los libros de su premio Nobel de Literatura Halldór Laxness. En la capital, de 200 mil habitantes, solo en 2009 la biblioteca de la ciudad alcanzó un millón 200 mil préstamos. Y en 2011 la Unesco la declaró Ciudad de la Literatura.

Cuentan que la Jolabokaflod en este país inició durante la Segunda Guerra Mundial cuando la restricción de importaciones hizo que los libros locales cobraran auge como regalo. La tradición oral y la pasión por escribir historias y poemas se intensificó luego de independizarse de Dinamarca en 1944, al ver en la literatura el espejo colectivo que necesitaban para encontrar su identidad.

Parece cuento, no lo es. Todo esto sucede en “La isla de las montañas”, Islandia, y en Reikiavik, su capital. Aquí 97 por ciento de la población es clase media y el sistema de salud y educación son gratuitos; no hay analfabetismo y la tasa de homicidios permanece, desde hace una década, en 1.8 por cada 100 mil habitantes. Aquí, por primera vez en el mundo una mujer, Vigdís Finnbogadóttir, fue electa en las urnas como presidenta y otra mujer, Jóhanna Siguroardóttir, abiertamente gay, es primer ministro. El Foro Económico Mundial le ha dado a este país, durante cinco años consecutivos, el primer lugar en Equidad de Género.

Ni el colapso financiero de 2008 ni la erupción de uno de sus volcanes en 2010 le quitaron brillo a Islandia, donde creen en los elfos y la imaginación se lleva bien con la realidad.

adriana.neneka@gmail.com