Cambio y fuera

México paga por su patrimonio

Los reflectores están hoy en el "Chimalpahin", donde se lee: “Aquí comienza la crónica y antigüedad de los mexicanos…”

El gobierno mexicano pagó 14 millones de pesos para recuperar el Códice Chimalpahin cuando estaba a punto de ser subastado en la casa Christie’s de Londres. El valioso manuscrito del siglo XVII salió de aquí en el XIX y regresa, en el XXI, de Inglaterra, donde se encuentran más documentos pictográficos del pasado indígena que en cualquier otro país del mundo.

César Moheno, secretario técnico del INAH, dice: “Mejor no juzgar el pasado de acuerdo con el presente. Porque si uno lo piensa, se oye gritar a las águilas, bufar a las serpientes, las aguas incendiarse” (El País, 25/09/14). Y es que, si bien la pieza felizmente regresó a su país de origen, cabe preguntarse qué tan válido es que México pague por una obra que le pertenece históricamente. Aunque de no haberlo hecho, se le hubiera escapado de nuevo.

Carlos de Sigüenza y Góngora tenía el códice en su biblioteca, la que luego se trasladó al Colegio de San Ildefonso, donde en 1827 el bibliotecario José María Luis Mora lo intercambió por una serie de biblias protestantes con James Thomsen, de la Sociedad Bíblica de Londres, que en 1982 lo depositó con otros manuscritos en la Universidad de Cambridge y, a principios de 2014, decidió subastarlo. Enterado el INAH, inició la negociación con los dueños, que culminó el 20 de mayo, un día antes de la subasta.

Más controversia suscitó hace 20 años la noticia de que el Museo Británico abriría una “Galería Mexicana” en sus salas con la riquísima colección arqueológica que conservaba en las bodegas y en el Museo de la Humanidad de Londres. La polémica prendió cuando se supo que el nuevo espacio, diseñado por Teodoro González de León, sería financiado por 17 empresarios mexicanos que aportaron un millón 100 mil libras esterlinas. ¿Por qué tenía que pagar México si muchas de las piezas eran producto del saqueo?, cuestionaba Gastón García Cantú, ya como ex director del INAH, a lo que Fernando del Paso respondía que, aunque así fuera, resultaba más positiva la exhibición digna del arte mexicano que su conservación en bodegas.

Los reflectores están hoy en el Chimalpahin, donde se lee: “Aquí comienza la crónica y antigüedad de los mexicanos…” Obra de Domingo Chimalpahim y Fernando de Alva Ixtlixóchitl, constituye la pieza estelar de la muestra Códices de México en el Museo de Antropología.

Entre códices prehispánicos y coloniales hay alrededor de 450, de los cuales 250 están fuera de México. De los 16 de origen prehispánico que sobrevivieron, seis están en Inglaterra: el Zouche-Nutall en el Museo Británico; el Selden I y el II, el Bodley y el Laud, en la Biblioteca Bodleiana en Oxford y el Féjerváry Mayer en la Biblioteca Pública de Liverpool, mientras que en México solo se conserva uno, el Códice Colombino. Además, Gran Bretaña resguarda códices mexicanos creados a partir del siglo XVI como el Mendocino, el Kingsborough, el Sánchez Solís y el Códice de 1576, entre muchos otros.

Por eso, la disyuntiva planteada por García Cantú y Fernando del Paso sigue vigente. Aunque hoy, ya repatriado el códice, las águilas guarden silencio.

adriana.neneka@gmail.com