Cambio y fuera

Internet, utopías y realidades

México Conectado es derecho y promesa. Como lo es aún la Estrategia Digital Nacional: “Mejor tecnología, calidad de vida y crecimiento económico”. El discurso es irrebatible, la realidad presenta retos que las nuevas tecnologías no resuelven.

Hoy se llama México Conectado y promete llevar internet gratuito para todos, como hace seis y hace doce años prometieron los gobiernos panistas con el programa e-México. El nuevo proyecto oficial, que “sustituye, enriquece y supera” al anterior, cumplirá, asegura el gobierno priista, la promesa derivada de la reforma constitucional en el sentido de que la conectividad es un derecho de todos los mexicanos.

La idea de que una sociedad conectada a internet es, en pleno siglo XXI, un paso indispensable para el desarrollo, el acceso a una nueva educación, a la cultura, a la información y a la ciudadanización global es inobjetable. Pero estar conectados no garantiza, per se, una mejor calidad de vida.

Internet y sus constantes novedades, que nos maravillan, han cambiado la manera en que vivimos. Pero internet, con sus 3 mil millones de usuarios en el mundo (80 por ciento en Occidente), no ha frenado la desigualdad. Según el más reciente informe de Oxfam (El País, 20/I/14), solo 85 individuos acumulan tanta riqueza como los 3 mil 570 millones de personas que forman parte de la mitad más pobre de la población mundial. En Estados Unidos, dice el informe presentado en Davos, el uno por ciento más rico de la población ha concentrado 95 por ciento del crecimiento posterior a la crisis financiera. Y en Europa, los ingresos conjuntos de las diez personas más ricas “superan el costo total de las medidas de estímulo aplicadas en la Unión Europea entre 2008 y 2010”.

Jaron Lanier, pionero de internet, impulsor de la realidad virtual y de la utopía de una nueva sociedad más democrática y una economía más creativa para la era digital, es hoy uno de los pensadores más críticos acerca del modelo de sociedad que hemos creado en el contexto de un capitalismo voraz donde el 1 por ciento de la población controla el flujo de los capitales.

En su libro más reciente, ¿Quién posee el futuro?, el autor hace un balance y advierte que, en 30 años de internet, los beneficios de la economía formal que las luchas sociales del siglo XX produjeron se han desvanecido junto con el trato social de recibir un pago justo por el trabajo, mientras que las clases medias, en cuya estabilidad descansa una sociedad democrática, se evaporan. Se durmieron, dice, con una nueva utopía y “despertaron en la economía informal”.

El caso Kodak: empleó a más de 140 mil personas y tenía un valor de 28 mil millones de dólares. Hoy está en bancarrota y el nuevo rostro de la foto digital es Instagram. Cuando Facebook adquirió esta firma por mil millones de dólares en 2012, solo dio empleo a 13 personas. Otro caso es el de Amazon: miles de trabajadores temporales laboran en condiciones inhumanas dentro sus almacenes, como se ha documentado en Francia y Alemania.

México Conectado es un derecho y una promesa. Como lo es aún la Estrategia Digital Nacional cuya meta es “mejor tecnología, calidad de vida y crecimiento económico”. El discurso es irrebatible, pero la realidad presenta enormes retos que las nuevas tecnologías, por sí solas, no resuelven. Internet, dice Lanier, es fascinante, pero no ha sido compatible con las necesidades reales de la vida. ¿O sí?

adriana.neneka@gmail.com