Cambio y fuera

Huellas de 2014

Hay quienes se van silenciosamente, aun y cuando su paso por el mundo dejó huellas, hondas y fértiles en la cultura. Recordarlos hoy aquí es un intento por abrirles un lugar más justo en la memoria colectiva.

Cuando Guillermo Tovar de Teresa emprendió su viaje definitivo en noviembre de 2013, sospechamos que se fue silbando a Mozart, pero nunca imaginamos que, detrás de él, ya preparaban su equipaje para irse en 2014 Guillermo Arriaga, Manuel Ahumada, Juan Gelman y José Emilio Pacheco, en enero; Federico Campbell, en febrero; Gabriel García Márquez y Emmanuel Carballo, en abril… Vicente Leñero, Luis Herrera de la Fuente y Silvio Zavala, en diciembre.

Todos ellos dijeron adiós dejando una estela de reconocimientos por su danza, sus dibujos, sus letras… Pero también hay quienes se van silenciosamente, aun y cuando su paso por el mundo dejó huellas, hondas y fértiles, en la cultura. Recordarlos hoy aquí es un intento por abrirles un lugar más justo en la memoria colectiva y colgar sobre su nombre una medalla imaginaria de gratitud.

A Pilar Gómez la recuerdo leyendo, libro tras otro, exigente con los autores y convencida de que el fomento a la lectura debe ser un proyecto colectivo. En 1968 abrió Pigom, la primera librería para niños en México. En 1979 fundó la Asociación Mexicana para el Fomento del Libro Infantil y Juvenil (Ibby-México) y, cuando solo había en el país cuatro libros para niños de autores mexicanos, ella y Carmen García Moreno organizaron, junto con la SEP, en 1981, la primera Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (Filij), toda una sacudida a la industria editorial que comenzó a editar, comprar derechos, buscar autores… y 33 años después continúa.

Desde Ibby, Pilar Gómez y su equipo iniciaron los primeros talleres de animación a la lectura, la publicación de las guías de libros recomendados para niños y la profesionalización del fomento a la lectura en México. Murió el 30 de octubre.

“¡Ticho!”, exclamé sin pudor cuando me lo encontré en La Ópera después de una presentación en la Feria del Libro de Minería. “¿Cómo le dijo al maestro?”, me preguntó indignado un funcionario muy serio. Y es que, a Tarsicio García Oliva le decíamos así en la universidad, donde su ingenio, su talento creativo y su sentido del humor nos hicieron felices. Poeta, cuentista, compositor, guionista y productor, publicó una docena de libros; ganó el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez en 1997; el primer lugar en el Concurso Latinoamericano de Programas de Radio convocado por la Unesco en 1998, el Concurso Nacional de Cuento Ciudad de México 2006 y el primer lugar (en Cuento) del Certamen Internacional de Literatura “Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz”, 2010. Además, creó la banda de rock para niños Tichoretes.

De uno de sus cuentos extraigo un párrafo que parece un epitafio para quienes, como él, se fueron en 2014:

Zarpamos del puerto más hermoso del hemisferio justo el día en que la luna fue maquillada de coral por los caracoles que pintaron, con brochas colosales, todo el Cosmos de colores. Somos diecinueve tripulantes y tres polizones y un loro y cuatro tortugas que deberán reproducirse durante la travesía. El bergantín es espléndido, sus constructores no tienen rival. Soy un ser verdaderamente dichoso. Siento que casi le beso las manos a Dios.

adriana.neneka@gmail.com