Cambio y fuera

Hace 20 años en Chiapas

A casi todos nos tomó por sorpresa. Menos a 4 mil 500 combatientes en las primeras líneas de fuego y a 2 mil más en la reserva. A casi todos, menos a miles de indígenas tojolobales, choles, tzotziles y tzeltales que desde Chiapas se alzaron en armas contra el gobierno mexicano “por democracia, libertad y justicia”. Y amanecimos el 1 de enero de 1994 pegados a la televisión, sin entender lo que sucedía en San Cristóbal de las Casas, Altamirano, Ocosingo, Las Margaritas, municipios del estado donde hacía su aparición el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Una década antes, el 17 de noviembre de 1983, en un campamento en el corazón de la Selva Lacandona, se fundó el EZLN. Nueve meses más tarde, llegó Marcos. Se entrenaron, después hicieron los primeros contactos con los pueblos de la zona y se fue pasando la voz de boca en boca, de familia en familia y la voz alcanzó a los Altos y el norte de Chiapas y el crecimiento ya no se detuvo… hasta que, diez años después, organizada la rebeldía de inspiración zapatista, se fijó fecha: 31 de diciembre de 1993. Y hora: 24:00.

Las comunidades indígenas, por siglos ignoradas y explotadas, se hicieron visibles el día de la firma del TLC. El presidente Salinas ofrecía “perdón” cuando ya el subcomandante Marcos respondía con un comunicado que dio la vuelta al mundo y globalizó la solidaridad hacia el movimiento: “¿De qué tenemos que pedir perdón?  ¿De no morirnos de hambre? (…) ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? (…) ¿De no rendirnos? ¿De no vendernos?...”.

La historia registra ya lo acontecido en estos 20 años, desde las pláticas de paz y la traición del poder político a los Acuerdos de San Andrés Larraínzar, hasta la matanza de Acteal, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y la organización de 39 municipios autónomos en cinco Caracoles con sus Juntas de Buen Gobierno, donde las comunidades ejercen lo que les negaron: su derecho a trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, libertad, independencia, democracia, justicia y paz.

Más allá de hechos y fechas, hay un fenómeno cultural profundo que late en las comunidades zapatistas: el vínculo sagrado con la Tierra, el apego a sus lenguas como expresión de una filosofía del mundo heredada de sus antepasados, al maíz, a sus ropas como extensión de los colores y formas de la naturaleza... Una forma de vida sencilla y plena de significados que ha captado la atención de un mundo urgido de sentido y de alternativas para una vida más humana.

Para otros, resulta amenazante. Las agresiones a las comunidades autónomas han sido constantes. Intentos de desalojo, amenazas para que abandonen la organización, cortes de agua y de luz, tala de árboles en su territorio, robo de ganado o de productos agrícolas y frutales, fabricación de delitos…

    Y sin una sola bala, las comunidades zapatistas han resistido. Hoy celebran el 20 aniversario de un levantamiento que dejó las armas para dedicarse a sembrar dignidad, vida comunitaria y armonía con el medio ambiente. En busca de libertad y de “un mundo donde quepan muchos mundos”.

adriana.neneka@gmail.com