Cambio y fuera

Graciela Iturbide, sueños sobre papel

Hace cinco años, la curadora Emma García viajó hasta finales del siglo XIX en busca de los orígenes de la fotografía femenina. Recorrió el país, los estudios, archivos, colecciones públicas y privadas, y encontró lo inimaginable.

La historia, siempre incompleta, guarda episodios y personajes que de pronto emergen para darle una vuelta de tuerca a la lectura que hacíamos de la vida, de los días, años y siglos que nos antecedieron. En la historia de la fotografía, los archivos y hemerotecas guardaron durante 100 años la mirada femenina, el registro de lo que las mujeres vieron detrás de su lente y congelaron en imágenes que son la voz del tiempo.

Apenas en 1982, el Museo Nacional de Arte de la Ciudad de México mostró por primera vez una exposición retrospectiva de Frida Kahlo y de Tina Modotti. A partir de entonces, inició el rescate de personajes femeninos que revolucionaron, sin balas, pero con enorme talento y valentía, la manera de vivir de las mujeres en México. Desde entonces, emergen sin cesar investigaciones sobre pintoras, escritoras, activistas, poetas… y, ahora, fotógrafas. Su reconocimiento no es una moda, sino una necesidad de enriquecer la historia y darle lugar a la mirada femenina en la narrativa de lo que somos, hemos sido y queremos ser.

Hace cinco años, la curadora Emma Cecilia García decidió viajar hasta finales del siglo XIX en busca de los orígenes de este oficio en manos femeninas. Recorrió el país, los estudios, archivos, colecciones públicas y privadas, hemerotecas y universidades, y encontró lo inimaginable, se siguió de frente, pasó por todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Su maleta, repleta de imágenes, de historia, de estilos, técnicas y géneros fotográficos, se abrió en el Centro Cultural Tijuana (Cecut) en 2012, y sorprendió con una exposición reveladora, plural y gozosa titulada: “Mujeres detrás de la lente, cien años de creación fotográfica en México 1910-2010”. La muestra, que sigue viajando por el país, no pretende una lectura feminista o de género, sino una revisión histórica con énfasis en la obra autoral.

Dentro de este universo visual, la obra de Graciela Iturbide representa un parteaguas en el arte fotográfico mexicano. Discípula de Manuel Álvarez Bravo, abrió la puerta a toda una generación de autoras con plena conciencia de su obra y ensayos fotográficos de largo aliento donde libertad creativa, talento poético y dominio de la técnica siguen enriqueciendo el muy fértil panorama actual.

Graciela Iturbide cumple 45 años de trayectoria con múltiples premios como el Hasselblad de Suecia, exposiciones en América, Europa y Asia, libros e imágenes ya clásicas como “Mujer ángel”, que forma parte de su trabajo con los seris en el desierto de Sonora, o aquellas que integran el tomo Juchitán de las mujeres; la artista recibió la medalla de Bellas Artes con un homenaje y pronto ingresará a la Academia de Artes con un discurso sobre “La poesía en la fotografía”.

Un día me contó que hace mucho tiempo un pequeño llamado Manuel le dijo: “Tú con la fotografía haces sueños sobre el papel”. Ella se quedó pensando en aquella frase durante años y creyó que era cierto, que “uno fotografía los sueños que tiene, elegimos de la realidad lo que no está sucediendo y nos autorretratamos”.

Se trata, dice Graciela, de un desafío constante de fotografiar “para morirte un poco menos”.

adriana.neneka@gmail.com