Cambio y fuera

Eutanasia

A partir de mi columna anterior, “La última decisión de la existencia”, varios lectores me piden que exprese una postura personal acerca de la eutanasia, el suicidio médicamente asistido, los cuidados paliativos… Intento la elaboración de una respuesta objetiva, pero reconozco que, en el fondo, está la experiencia con mis padres.

Un día leí que la muerte, el momento más íntimo de nuestra vida es, en realidad, un evento colectivo. Mi padre padecía cáncer terminal y deseaba vivir a toda costa, no ponía límites a la intervención médica, pedía que hicieran lo posible y lo imposible. El director de Terapia Intensiva nos aconsejaba: “No permitan que ingrese aquí, lo vamos a entubar, va a estar solo, durará unas semanas y finalmente morirá”. Años después, mi madre agonizaba en otro hospital. Lúcida, nos hizo saber que no quería terapias intensivas, ni tubos, ni que le alargaran la vida cuando ya no había posibilidad de cura, ni de una vida autónoma y digna. Tuvimos que defender su voluntad frente a un equipo médico que no lograba ponerse de acuerdo entre “la esperanza de un milagro” (basada solo en la tecnología) o los cuidados paliativos. Mis padres expusieron conscientemente lo que querían, con su vida y con su muerte, y para nosotros, sus hijos, respetar su libre decisión y acompañarlos hasta el final, fue lo más importante, con todo y el ineludible dolor de la pérdida.

¿Qué aprendimos de la experiencia? Que la gente podría morir mejor, que urge sensibilización en los médicos para aceptar que la muerte de un paciente no es una derrota, que se trata de personas y no de “casos”, que se requiere más infraestructura física y mayor profesionalización de los equipos humanos para ofrecer mejores cuidados paliativos a quienes van a morir, que los pacientes terminales deberían tener derecho a decidir cómo no quieren vivir y a recibir el apoyo y el acompañamiento médico para morir bien cuando los recursos curativos se han agotado, pero también a contar con el respaldo legal del Estado. Además, entendimos que las situaciones son tan personales, diversas y complejas como los seres humanos.

En México se ha avanzado poco a poco en el debate. Tenemos la Ley de la Voluntad Anticipada, Nexos dedicó su portada de junio al tema “Morir con dignidad”, apareció el libro Un adiós en armonía y ayer el diputado Fernando Belaunzarán, del PRD, presentó una iniciativa que despenaliza y regula la eutanasia.

Decían los griegos: “Hay que mantener la lucha por el enfermo cuando se ha perdido la batalla contra la enfermedad”.

adriana.neneka@gmail.com