Cambio y fuera

Detenciones arbitrarias y derechos humanos

Así sucedió con un total de 18 personas, dos menores de edad incluidos, uno de ellos niño en situación de calle.

Luis Andrés Villegas, de 28 años, ayudaba a un herido por una pedrada cuando lo detuvieron en el Zócalo, lo golpearon, lo subieron a una camioneta, le taparon la cara, lo cachetearon, le dieron vueltas por las calles, le robaron el celular, lo insultaron y se lo llevaron a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido). Nada tenía que ver con la quema de la puerta de Palacio Nacional.

“Acaban de detenerme por grabar, estoy sangrando y no sé (a) dónde me llevaron”, alertó en Facebook el joven Juan Francisco Manrique Huerta, Juanelo, a las 11:59 pm. Después: “Estoy en la patrulla todavía, creo que en la Seido, cerca de Reforma. Estoy sangrando un poco de la cabeza”. Nada tenía que ver con el vandalismo. Grababa con un celular, en la esquina de Madero y Eje Central, cómo granaderos del DF sometían a otra persona cuando una decena de policías de la SSPDF se fueron por él, le dieron una golpiza, resultó herido de la cabeza, el oído, las piernas… y se lo llevaron. “Ya te cargó la chingada”, le advirtieron.

Ramón González caminaba sobre Madero y Gante con su pareja después de cenar en Vips cuando lo detuvieron. Karina Cárdenas, empleada del Salón Corona, repartía volantes cuando se la llevaron. Aurelio y Jessica López salían de un café... Así sucedió con un total de 18 personas, dos menores de edad incluidos, uno de ellos niño en situación de calle. Estaban en el Centro de la Ciudad de México al finalizar la marcha del sábado pasado en protesta por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Los liberaron entre el domingo y el lunes. Luis Andrés y Juan Francisco fueron los primeros y quedaron en total libertad. Los demás salieron “libres con reserva de ley”, es decir que siguen las investigaciones en su contra hasta que las autoridades cierren los casos. A Juanelo, ya cuando se iba, le leyeron sus derechos.

La quema de la puerta del Palacio Nacional es grave. Pero es mucho más preocupante que el grupo de encapuchados que ejerció el vandalismo impunemente durante una hora lo hiciera sin que ningún elemento de seguridad los frenara y que, ya después, las patrullas del DF emprendieran una cacería de detenciones arbitrarias por las calles del centro.

Sofía de Robina, joven abogada del Frente por la Protesta Social y la Libertad de Expresión (que integra seis organizaciones de la sociedad civil), participó recientemente en las audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. Me comenta: “¿Cómo confiar en que en ellos (policía, autoridades) está la respuesta y la justicia frente a casos como Ayotzinapa, si ellos, encargados de seguridad, pueden detener a quién sea, solo por llevar una cámara o ser joven y asistir a una manifestación? Juanelo fue detenido y golpeado fuertemente por grabar la detención arbitraria de otro compañero. Fue la documentación que intentaba hacer lo que los policías quisieron convertir en delito; sin embargo, fue también la documentación lo que lo ayudo a salir”.

Y la energía solidaria de quienes se preocuparon y lo buscaron incansablemente hasta encontrarlo. Con Ayotzinapa en la memoria.

adriana.neneka@gmail.com