Cambio y fuera

Cuernavaca, la desolación

¿Con más policías tras “los malitos” (sic) van a devolverle a Cuernavaca sus árboles y flores, la limpieza, su clima y la confianza, la alegría de vivir y de cuidar su entorno a una sociedad tan golpeada?

Cuando callan los ciudadanos, hablan por ellos las calles, los árboles, las banquetas, las rejas, los animales, la basura... Y en Cuernavaca nos hablan de abandono, inseguridad y miedo.

El fin de semana visité la ciudad y salí a caminar. O al menos lo intenté, porque sus banquetas, destruidas por las raíces de los árboles, y la basura desperdigada entre la hierba crecida y amarillenta impiden dar cinco pasos sin tropezar. Ya casi no hay laureles para las aves ni jacarandas suficientes para tapizar el suelo de flores; porque los árboles agonizan lentamente, enfermos por las plagas o ahogados en cemento, cuando no son mutilados para instalar un centrito comercial o una tienda de lujo como las que lucen siempre vacías sobre la calle de Río Mayo, donde el tráfico se ha robado el silencio y el color verde. Cerca de ahí, gritan las casas protegidas con espirales de acero punzocortante donde antes había buganvilias. Abandonadas o en venta, lucen temerosas, como nerviosos los cables de luz caídos o las víctimas de la violencia y la extorsión en restaurantes y comercios.

A la inseguridad en Morelos, detonada por el crimen organizado, se suman la ineficiencia de sus gobiernos, la corrupción y la impunidad. Es el estado con mayor incidencia de secuestros per cápita, con 237 denunciados el último año.

Los testimonios son desoladores. De cinco parejas de amigos, cuatro individuos han sido secuestrados y uno apareció muerto. La gente ya no se atreve a salir ni a pasear a sus perros, porque también se los roban. O roban las camionetas con mascotas adentro que luego abandonan por las calles. Un grupo de yoga se desintegró luego de un asalto de encapuchados en el que se llevaron los coches y hasta los tenis de la gente. En una academia de ballet ninguna de las niñas sabe lo que es un “día de campo”. Pasean poco, acaso a Plaza Galerías, que, como todo centro comercial amurallado, es zona de protección en ciudades inseguras. A la gente ya no le sorprende escuchar balazos desde su casa, sufrir el robo de tubería de cobre o ver extrañas antenas en azoteas vecinas. Una mujer que denunció el robo de computadoras en su oficina, lo único que recibió desde que levantó el acta ante el MP fueron llamadas de extorsión. Al Museo de Acervo Paleontológico los ladrones lo visitaron dos veces el año pasado sin que la denuncia fructificara. La renovada Tallera de Siqueiros es un refugio, pero también un gueto para el arte que nació con vocación pública. El mercado municipal, un riesgo…

Los miles de ciudadanos que, acompañados por Javier Sicilia, marcharon hace seis meses contra la inseguridad, pospusieron su tercera marcha, que se realizaría en enero, para darle “el beneficio de la duda” al nuevo titular de la SSP de Morelos, Jesús Alberto Capella, quien anunció un incremento de 935 a mil 235 elementos policiacos capacitados para combatir la delincuencia.

Me pregunto si con más policías tras “los malitos” (sic) van a devolverle a Cuernavaca sus árboles y flores, la limpieza, su clima… y la confianza, la alegría de vivir y de cuidar su entorno a una sociedad tan golpeada.

adriana.neneka@gmail.com