Cambio y fuera

ConArte, hacia la cultura de paz

Un coro bilingüe de niños y niñas de Huixtepec, que quizá no había salido nunca de su comunidad al sur de Guerrero, canta desde el escenario del Teatro Esperanza Iris de Ciudad de México, interpreta canciones populares mexicanas en su lengua materna, el amuzgo, recibe una gran ovación del público y lo más probable es que la experiencia los marque de por vida.

Por el mismo escenario pasa el coro de La Nana integrado por niños y niñas de escuelas públicas que van de “El gato viudo”, de Chava Flores, al tema de la cinta Los coristas, que interpretan en francés. Igual, cientos de pequeños y jóvenes de colonias populares y barrios de la periferia del Centro Histórico de esta ciudad, llenan el escenario con danza que va del hip hop y el breackdance, el mambo, la cumbia o el chúntaro style, a la danza aérea y el performance. Se escucha música de Strauss, pero también de Pink Floyd y los grupos tocan música fusión mezclada con bolero o rap. Hay un ensamble de saxofones, pero también niños haciendo música con envases reciclados, latas pintadas o botellas de agua. No es un espectáculo, sino una propuesta, la de ConArte, (Consorcio Internacional Arte y Escuela A.C.) que cumple 10 años de vida en México, que dirige la antropóloga Lucina Jiménez y que celebró su aniversario con maestros, padres de familia, escuelas e instituciones que los han apoyado, a lo largo de dos días de funciones la semana pasada.

Cuando Ciudad Juárez vivía su peor crisis de violencia, llegó ConArte, arrancó con 400 niños y adolescentes en 24 centros comunitarios ubicados en las zonas periféricas de más alta marginalidad y para febrero de 2011 ya sumaban 4 mil menores en sus talleres: espacios seguros, generadores de redes de diálogo a través del arte y ejes para la movilización de la energía creativa. Igual han dejado huella en ocho ciudades más… Han formado 14 mil coros y siete generaciones. Desde su sede, La Nana, en lo que fuera el Salón México, sus talleres y programas, la capacitación de formadores, sus laboratorios metodológicos y pedagógicos se han convertido en referente de cómo la educación artística tiene el enorme poder de descubrirle a un niño o adolescente el potencial que tiene para transformar su contexto.

ConArte se prepara para fundar La Nana Chilpancingo, en Guerrero, y trabaja, con Sedatu, el proyecto “Ciudades seguras para mujeres” a través del rescate de espacios públicos con perspectiva de género. Porque, como dice Lucina, “creemos firmemente que es posible educar con arte para crear ciudadanía y cultura de paz en un país que necesita, con urgencia propia del futuro más próximo, recuperar sus sueños”.

adriana.neneka@gmail.com