Cambio y fuera

Desde Columbia, voces de alerta

Aunos kilómetros de la Torre Trump, desde el hermoso Morningside Campus de la Universidad de Columbia en Nueva York, ante miles de estudiantes que se graduaban y con la presencia de Ban Ki-moon como invitado especial, Lee Bollinger hizo un llamado contra el autoritarismo y la intolerancia: "Hay que estar preparados para lo que ya está sucediendo hoy y desplegar nuestras mejores armas: el conocimiento, la libertad de expresión, la búsqueda de la verdad y las instituciones que hemos estructurado para responder, como las universidades".

Acudí a la ceremonia del miércoles 18 de mayo por razones personales, y me sumé al silencio que se apoderó de aquella explanada mientras Bollinger, el presidente de Columbia alertaba: "Cuando la mentalidad intolerante y autoritaria prevalece en países dictatoriales, por más deplorable que esto sea, sabemos con qué lidiamos, pero cuando esos impulsos tienen lugar en democracias establecidas, como está sucediendo ahora, quizá en nuestro propio país, hay que preguntarnos hacia dónde va el mundo". Y asumir un compromiso: "no podemos quedarnos al margen para después lamentarnos". Recordó a Holmes y su idea de que la intolerancia es un impulso natural en el ser humano, pero que precisamente para eso están la educación y las leyes, para vencer esos impulsos en busca de altos ideales.

La tendencia a "democracias iliberales" —que tienen elecciones pero restringen libertades ciudadanas— tienen que ver con el desbalance de poder entre las naciones, la globalización de comunicaciones, mercados y poblaciones, la riqueza de unos cuantos en detrimento del empleo, los ingresos y el bienestar de los demás, "quienes están expresando sus frustraciones y su enojo en foros públicos y en las urnas". Pero estas señales de alerta, advirtió, pueden ser producto de algo más profundo: el cambio estructural en el pensamiento y la discusión pública donde uno de los fundamentos de la democracia, el del compromiso a escuchar todas las voces y puntos de vista, ha dejado de valorarse y se han perdido las normas básicas de comportamiento civilizado.

Y ahí, en la universidad que cuenta con 82 premios Nobel y otorga el Pulitzer, se habló de la libertad de expresión como valor supremo, de la diversidad de las ideas como única vía hacia la verdad, del desarrollo de capacidades intelectuales para apreciar la complejidad de la vida y la sabiduría milenaria, del arte de la conversación y del debate... Y de la urgencia de que los jóvenes y las universidades participen en la expansión de la tolerancia. Al final, ondearon banderas de todos los países en manos de los graduados. Imposible no emocionarse.

adriana.neneka@gmail.com

Aunos kilómetros de la Torre Trump, desde el hermoso Morningside Campus de la Universidad de Columbia en Nueva York, ante miles de estudiantes que se graduaban y con la presencia de Ban Ki-moon como invitado especial, Lee Bollinger hizo un llamado contra el autoritarismo y la intolerancia: “Hay que estar preparados para lo que ya está sucediendo hoy y desplegar nuestras mejores armas: el conocimiento, la libertad de expresión, la búsqueda de la verdad y las instituciones que hemos estructurado para responder, como las universidades”.

Acudí a la ceremonia del miércoles 18 de mayo por razones personales, y me sumé al silencio que se apoderó de aquella explanada mientras Bollinger, el presidente de Columbia alertaba: “Cuando la mentalidad intolerante y autoritaria prevalece en países dictatoriales, por más deplorable que esto sea, sabemos con qué lidiamos, pero cuando esos impulsos tienen lugar en democracias establecidas, como está sucediendo ahora, quizá en nuestro propio país, hay que preguntarnos hacia dónde va el mundo”. Y asumir un compromiso: “no podemos quedarnos al margen para después lamentarnos”. Recordó a Holmes y su idea de que la intolerancia es un impulso natural en el ser humano, pero que precisamente para eso están la educación y las leyes, para vencer esos impulsos en busca de altos ideales.

La tendencia a “democracias iliberales” —que tienen elecciones pero restringen libertades ciudadanas— tienen que ver con el desbalance de poder entre las naciones, la globalización de comunicaciones, mercados y poblaciones, la riqueza de unos cuantos en detrimento del empleo, los ingresos y el bienestar de los demás, “quienes están expresando sus frustraciones y su enojo en foros públicos y en las urnas”. Pero estas señales de alerta, advirtió, pueden ser producto de algo más profundo: el cambio estructural en el pensamiento y la discusión pública donde uno de los fundamentos de la democracia, el del compromiso a escuchar todas las voces y puntos de vista, ha dejado de valorarse y se han perdido las normas básicas de comportamiento civilizado.

Y ahí, en la universidad que cuenta con 82 premios Nobel y otorga el Pulitzer, se habló de la libertad de expresión como valor supremo, de la diversidad de las ideas como única vía hacia la verdad, del desarrollo de capacidades intelectuales para apreciar la complejidad de la vida y la sabiduría milenaria, del arte de la conversación y del debate… Y de la urgencia de que los jóvenes y las universidades participen en la expansión de la tolerancia. Al final, ondearon banderas de todos los países en manos de los graduados. Imposible no emocionarse. m