Cambio y fuera

¿Censura en el Canal 22?

El Canal 22 cumplió 22 años al aire el martes pasado. Un día antes, un grupo de periodistas del equipo editorial de la Dirección de Noticias emitió un comunicado en el que denuncia: “En atmósfera generalizada de censura y acoso, el Canal 22 cancela el periodismo de investigación”.

Los 12 firmantes aseguran que la situación se detonó a raíz de que la dirección del canal, que encabeza Raúl Cremoux, ordenó el 16 de marzo omitir del contenido de Noticias 22 el tema de la salida de Carmen Aristegui de MVS. Luego se suspendió la transmisión de “Las huellas de la violencia”, reportaje de María Idalia Gómez acerca del estrés postraumáutico de las víctimas y sus familiares en México. Lo mismo sucedió con un trabajo de Marco Lara Klahr sobre derechos humanos y con otro de Víctor Ronquillo realizado en comunidades indígenas… que se transmitirían en los programas semanales El Observador y Global 22. También se canceló un especial en vivo de la jornada electoral del 7 de junio.

“No soy un censor de nadie. Esta es una institución de orden cultural, no es una institución donde se puedan ventilar todos los asuntos que a uno se le ocurre. Nuestra tarea es muy clara”, dijo Cremoux, en reacción al comunicado, frente a un grupo de trabajadores del canal. Por otro lado, a pregunta de Marta Anaya, de 24Horas, acerca de la prohibición de la nota sobre Aristegui, respondió: “Este no es un noticiero normal…, es de cultura”.

Juan Jacinto Silva, director de Noticias del 22 desde hace 15 años, renunció. Los autores del comunicado advierten el “desmantelamiento del canal cultural”. Hay trabajadores que llevan 22 años sin un aumento salarial y, según el propio Cremoux, las condiciones económicas del canal son “infrasostenibles”, con presupuestos que se han ido recortando, de los 252 millones adjudicados en 2012, hasta los 166 millones de pesos.

La televisión cultural, dice Giovanni Sartori, “es una obligación moral”, una opción de contrapeso a la tv comercial, una respuesta al espectador ávido de mejores y más diversos contenidos, un generador de públicos, de opinión e ideas con efectos multiplicadores que la estadísticas no registran. Excelentes programas como Ladichosa palabra, La oveja eléctrica, La raíz doble, Pantalla de cristal o Grandes figurasdel arte mexicano son tan necesarios como los reportajes de investigación que les dan contexto.

La cultura inquieta, no adorna, necesita libertad. Alentarla es una apuesta, no un sacrificio. Y en ese sentido, la televisión pública también es un termómetro de la democracia.

adriana.neneka@gmail.com