Cambio y fuera

"El Caballito" y otros agravios

Dicen que cuando Alexander von Humboldt miró la estatua ecuestre de Carlos IV el día de su develación, el 9 de diciembre de 1803, en la Plaza Mayor, aseguró que solo una pieza de ese tipo en el mundo superaba en belleza a la de Manuel Tolsá, y se refería a la de Marco Aurelio en Roma. ¿Qué diría hoy al ver ese bronce, único en el continente americano, con daños que podrían ser irreversibles?

Otros ojos, contemporáneos, miran con azoro lo que le han hecho a El Caballito, ubicado desde 1979 en la Plaza Tolsá, frente al Palacio de Minería, que también es obra del arquitecto y escultor valenciano. Y voces expertas en restauración de monumentos, como la de Jaime Ortiz Lajous, se levantan: “Es la afrenta más grande contra el patrimonio en la historia reciente de México”. Para el especialista, los daños son imposibles de cuantificar y lo hecho “es inconcebible en el ámbito de la restauración mundial”.

Si en 1821 Guadalupe Victoria pretendió fundir la estatua para convertirla en monedas, lo que impidió Lucas Alamán al convencerlo del valor estético de la pieza, hoy fue un grupo de ciudadanos lo que detuvo la intervención de la empresa Marina Restauración de Monumentos, al denunciar que el método utilizado con ácido nítrico había eliminado en dos días la pátina bicentenaria de la obra, es decir, su piel. Según Ortiz Lajous, la de Tolsá es una de las tres únicas esculturas ecuestres del mundo fundidas en un solo molde. Las otras son la de Marco Aurelio, en Roma, y la de Bartolomeo Colleoni, realizada por Verrocchio, en Venecia.

“El Caballito, Conservación”, grupo creado en Facebook a raíz del agravio por la restauradora Lucia Ruanova, ya cuenta con más de mil participantes en defensa del patrimonio. Entre ellos, Guillermo Tovar de Teresa y José Carlos Canseco, quien hizo la primer denuncia en las redes con la circulación de una fotografía del 19 de septiembre, cuando Marina emprendió la agresiva “limpieza” que dañó 35 por ciento del monumento y dejó a Carlos IV con severas manchas y escurrimientos.

No se entiende por qué, cuando hay excelentes profesionales de la restauración en México, el gobierno del DF, el Fideicomiso y la Autoridad del Centro Histórico contrataron una empresa sin experiencia. ¿Por qué se inició la intervención del monumento sin el permiso que, por ley, se requiere del INAH y utilizó ácidos que ningún conocedor aplicaría en un bronce? ¿Y por qué las autoridades, que deberían velar por el patrimonio, se hacen cómplices de atropellos en su contra?

Y mientras el INAH entrega su dictamen, otro golpe: el recorte de casi 4 mil millones de pesos que el gobierno de Peña Nieto propuso para el presupuesto cultural de 2014 y que implica una reducción de 24 por ciento con respecto al aprobado por la Cámara de Diputados. El INBA, Educal, el Cecut de Tijuana, la producción cinematográfica y las ciudades Patrimonio de la Humanidad serán los más afectados, además de Canal 22 y Radio Educación.

De seguir así, nos quedaremos sin la piel que nos da la cultura y sin nuevas miradas para la belleza. Como le pasó a El Caballito de Tolsá.