Cambio y fuera

Con Braulio Peralta, a la intemperie

La primera llamada es a la 1:15 am del sábado. Una voz masculina, que lleva prisa, dice mi nombre. “Tenemos aquí a Braulio Peralta, nos dio su teléfono, chocó y tienen que venir a pagar. Estamos en Naucalpan”. El hombre insiste en saber dónde vivo, le digo que muy lejos. Pienso que se trata de una extorsión más, pero pregunto, con el alma en un hilo, si mi amigo se encuentra bien. Me lo pasan. Intento reconocerlo, dudo, le hago preguntas clave, responde con dificultad: “algo me dieron en una bebida, no me di cuenta, no recuerdo…” Al mismo tiempo oigo que la voz le ordena: “Dígale, dígale que lo contactaron por internet”. Pido unos minutos para avisarle a la familia. No tengo los números, le marco a nuestra amiga Raquel Peguero. Ella localiza a Guillermo en Tijuana, enciende su auto y emprende la búsqueda del hermano de Braulio. El teléfono suena de nuevo. Es un oficial. “¿Ya habló con la familia? Es urgente porque el dueño del otro coche está desesperado. Vamos a la delegación, allá deberán pagar otra multa por daños…”. En la siguiente llamada escucho “Malvis” y ya no tengo duda. Raquel y Crisóforo se lanzan a Naucalpan, lo mismo hace, sin titubear, Alejandro Reza.

Los agentes, en su urgencia por “el pago”, jamás mencionaron que Braulio estaba lastimado, que  tenía un enorme hematoma en un ojo, que sangraba de la oreja, que no podía caminar. Así lo encontraron los amigos sobre un sillón de mala muerte en el corralón. Lo había engañado un supuesto lector de su obra que lo drogó, le robó, lo golpeó y lo retuvo unas diez horas —perdidas en su memoria—, y ahora era objeto de cambio, una mercancía, por quienes se supone nos protegen y que nunca llamaron a una ambulancia.

Noche de pesadilla, a la intemperie, entre la delincuencia y la corrupción policiaca en medio del proceso feroz de deshumanización que vivimos. ¿Qué hacer? Guillermo Arreola tiene razón: un alto y reflexionar; en la pantalla el acercamiento con los otros es una abstracción, no podemos limitarnos a dar likes y retuitear; necesitamos restablecer las redes humanas de comunicación real. Porque el crimen es real. Y esperar que prevalezcan en Braulio esa “sonrisa de Luna”, como la describe Elena Poniatowska, la alegría y el genuino interés por los demás. Como si llevara grabadas por dentro las palabras de Octavio Paz:

(…) soy otro cuando soy, los actos míos /son más míos si son también de todos, /para que pueda ser he de ser otro, /salir de mí, buscarme entre los otros, /los otros que no son si yo no existo, /los otros que me dan plena existencia (…)

adriana.neneka@gmail.com