Argumentos a debate

Una reflexión sobre la XXIV Cumbre Iberoamericana

Jefes de Estado y de Gobierno se darán cita los próximos 8 y 9 de diciembre en Veracruz durante la XXIV Cumbre Iberoamericana. Luego de una reforma institucional relevante toca a México relanzar oficialmente este importante mecanismo de diálogo y cooperación iberoamericana. La reforma consistió en hacer de la Cumbre una reunión bianual, fortalecer a la Secretaría General Iberoamericana y establecer nuevas prioridades temáticas en relación con la cultura, la educación y la innovación. Sin duda, hay múltiples asuntos de interés común que deberán ser examinados y cambios sustantivos a la manera de concebir el funcionamiento de estas Cumbres que tendrán que ser incorporados a la práctica habitual de estos eventos. No hay que olvidar que la Cumbre Iberoamericana es el único espacio de diálogo que reúne a la comunidad iberoamericana hispano parlante y lusófona tanto europea como latinoamericana y caribeña. Uno de los primeros retos, en este sentido, consiste en evaluar una considerable ampliación hacia otros países donde el español o el portugués, si bien no son lenguas mayoritarias, tienen una presencia relevante. A través de la figura de miembros asociados se han incorporado ya países como Filipinas o Belice y el ingreso de Andorra en 2004 parece haber abierto la posibilidad de que nuevos países se integren de lleno a esta comunidad y a lo que se denomina con acierto el "acervo cultural iberoamericano".

Otro reto importante tiene que ver con la propia presencia del denominado también como sistema iberoamericano en las grandes deliberaciones globales. Los temas y la vocación de estas Cumbres debiera tener un impacto real en, por ejemplo, las discusiones relativas a las nuevas metas post 2015 para el desarrollo, en las negociaciones comerciales en curso y en los grandes procesos decisorios en la Organización de las Naciones Unidas. Las Cumbres podrían, desde luego, proponerse la urgente necesidad de articular posiciones comunes en organismos internacionales especialmente en lo relativo a cultura y educación.

Esto no significa, sin embargo, que otros temas igualmente relevantes queden marginados. Los temas sociales, por ejemplo, merecen ser abordados y México tendría que hacer nuevos compromisos para tomar decisiones que impacten positivamente en la vida cotidiana de las sociedades iberoamericanas. Un caso emblemático es la resistencia del gobierno mexicano a suscribir el Convenio Iberoamericano de Seguridad Social que protegería los derechos de millones de trabajadores migrantes y sus familias en el ámbito relativo a prestaciones económicas, pensiones, garantías de invalidez y asistencia médica-sanitaria. Aun si este instrumento fue avalado durante la XVII Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile en noviembre de 2007, y cuenta ya con el aval de la vasta mayoría de los países latinoamericanos quienes han firmado y/o ratificado el instrumento, la ausencia de México envía un mensaje notoriamente inapropiado. El instrumento entró en vigor ya desde el 1 de mayo de 2011 y desde entonces se viene aduciendo un considerable impacto presupuestal en su adhesión e implementación doméstica.