Argumentos a debate

El referéndum por la independencia: un triunfo de Escocia y del Reino Unido

Luego de un par de años de ardua preparación logística y un amplio debate público, el 18 de septiembre pasado tuvo lugar el referéndum sobre la independencia de Escocia. La comunidad internacional fue testigo de un proceso de enorme madurez política, tolerancia y solidez institucional por el que, sin el menor asomo de violencia, se consultó a la población escocesa si deseaba o no escindirse del Reino Unido y conformar un Estado independiente. Ambas posiciones se manifestaron con claridad en un proceso electoral equitativo y verdaderamente ejemplar en donde se cumplió una de las reglas de oro de la democracia: confianza en las reglas pero incertidumbre en los resultados. Por increíble que parezca, las expectativas de ambas partes de algún modo se cumplieron y no ocurrió el choque de trenes que muchos vaticinaban. Con el triunfo del No, si bien el Partido Nacional Escocés reconoció su derrota electoral obtuvo una victoria cultural y política sin precedentes: la promesa de una ampliación sustantiva de su autonomía y lo que será una histórica devolución de potestades por parte del gobierno británico. Las negociaciones han comenzado ya para garantizar el compromiso británico de otorgar a Escocia un incremento sustancial de libertades en materia fiscal, financiera y de gestión de los servicios públicos. El documento firmado ya por los líderes de los tres principales partidos políticos en Reino Unido contiene el compromiso de redactar un borrador de ley sobre el traspaso de poderes para finales de enero próximo. El proceso de descentralización, según algunos expertos, podría abarcar áreas como las de educación, salud y seguridad social. El Reino Unido, por su parte, mantuvo su cohesión interna y su integridad soberana y no tiene que preocuparse más por las múltiples implicaciones políticas, económicas, sociales, demográficas, de seguridad nacional y defensa, presupuestarias y en materia de sucesión de obligaciones, por mencionar sólo algunas, de un proceso inédito de secesión de su provincia.

Son varias las lecciones que este referéndum entraña para procesos semejantes en el resto del mundo. Una de ellas tiene que ver con que los mecanismos de la democracia directa siguen siendo pertinentes para tomar decisiones de estas dimensiones. Sin embargo, su utilización exige una gran responsabilidad y compromiso democrático de todos los actores involucrados. Otra importante lección es que este tipo de ejercicios no pueden darse en una sucesión interminable de consultas o referendos sino que tienen que darse en un contexto específico y valorar su mandato en una perspectiva histórica de largo aliento. El ministro principal escocés, Alex Salmond, por eso renunciará en noviembre al liderazgo del Partido Nacional Escocés. Si bien la suya ha sido una victoria, no podrá exigir una nueva consulta en décadas. Una tercera lección tiene que ver con los resultados. Aunque el Si triunfó sobre el No por alrededor de diez puntos porcentuales, el gobierno británico no hizo caso omiso de la voluntad manifestada por el 44.58% de escoceses (alrededor de millón y medio de votos) a favor de la independencia. Mucho menos, podía hacer caso omiso del triunfo del sí en cuatro circunscripciones cruciales para el resultado final como Glasgow y Dundee.