Argumentos a debate

Todos juntos contra la desigualdad

Según el estudio presentado esta semana por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) intitulado "Todos juntos, ¿por qué reducir la desigualdad nos beneficia?", en la mayoría de los países miembros de esta organización la desigualdad en ingresos ha alcanzado incrementos sin precedentes luego de la reciente recesión que experimenta la economía mundial. En promedio, la población que ocupa el 10% superior de la escala de ingresos gana ahora 9.6 veces el ingreso de la población que ocupa el 10% inferior, arriba de la proporción 7 a 1 que prevaleció en la década de los ochenta. Para el caso mexicano, sin embargo, estas cifras son aún peores puesto que se destaca que en nuestro país el salario medio del 10% más rico es 30,5 veces mayor que el del 10% más pobre. De esta manera, después de Chile, México consolida su posición con el segundo país más desigual de entre los miembros de la OCDE. Según la organización, la pobreza relativa –es decir la de quienes aún trabajando no alcanzan un nivel de ingresos superior a 50% de la media- también ha vuelta a crecer lo mismo que los índices de pobreza entre población vulnerable como los adultos mayores y los niños. Peor aún, los ingresos medios del 10% más pobre son inferiores a los que el mismo segmento obtenía en los años ochenta.

En gran medida, la OCDE atribuye este fenómeno a una tasa de creación de empleos muy por debajo de las necesidades del país, a la informalidad del mercado laboral, a la falta de formación continua en el trabajo y a políticas sociales insuficientes para dotar de empleos de calidad a los grupos menos proclives a obtenerlos como los jóvenes, las mujeres y los ancianos. En esta ecuación, la calidad de la educación es clave. De acuerdo con Gabriela Ramos, directora del gabinete de la OCDE en México, México es el único país de la OCDE donde contar con un título universitario no se refleja en un menor riesgo de caer en el desempleo. Otro elemento relevante es el hecho de que si bien los programas focalizados han contribuido a reducir la pobreza extrema, la política redistributiva ha tenido sólo un impacto reducido y no ha tenido el efecto equilibrador del ingreso y el bienestar al que las políticas sociales aspiran. Finalmente, la OCDE argumenta que gran parte de la desigualdad en la economía mexicana se profundiza a partir de dos variables fundamentales. Por un lado, una presencia aún modesta de las mujeres mexicanas en el mercado de trabajo y, por el otro, altos niveles de endeudamiento en la población de más bajos ingresos lo que les impide invertir en capital humano y bienestar.