Argumentos a debate

El más grande colombiano de todos los tiempos y el más mexicano

Así le llamó el Presidente de Colombia a Gabriel García Márquez, el gran escritor y periodista, quien murió antier. Lo hizo en su casa en la ciudad de México, su residencia por décadas. Y es que el más grande colombiano de todos los tiempos también era el más mexicano. A México le llamaba su "otra Patria distinta" pues llegó en 1961, después de vivir en Nueva York, acompañado de su esposa y su hijo Rodrigo y con 20 dólares en el bolsillo. En México encontró el lugar que venía buscando afanosamente para escribir las que se convertirían en obras indispensables para entender la literatura latinoamericana del siglo XX. Fue en este país donde escribió, entre otras novelas, "Cien años de soledad", "Crónica de una muerte anunciada" y "El general en su laberinto". Fue en México donde terminó por encontrar, según algunos expertos fuertemente inspirado por Juan Rulfo, los parámetros de ese nuevo género literario que asombró al mundo y le hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1982: el realismo mágico. Esa inquietante mezcla entre contenidos fantásticos y reales, el matiz mágico y mítico en la narración de sucesos "normales", episodios oníricos e inexplicables que coexisten con la realidad más cruda y brutal, la multiplicidad de tiempos cronológicos y planos temporales. Todas ellas, reconocía García Márquez, fueron ideas que terminaron de concebirse y articularse en México. Es célebre la historia de "Cien años de soledad", esa novela condensadora de su inigualable estilo narrativo y de sus múltiples aportaciones a la lengua española, cuyas ideas centrales vinieron a su mente en un viaje en automóvil camino a Acapulco que lo obligó a volver a México y comenzar a escribir inmediatamente.

Las preocupaciones sociales y políticas latinoamericanas se reflejan fielmente en una obra que, si bien casi siempre está ubicada en Colombia y en ese pueblo imaginario llamado Macondo, también tiene mucho de mexicana. En pocos países fuera de Colombia, como en México, se ha leído tanto a García Márquez. No hay estudiante de secundaria y preparatoria en México que no haya sido obligado por sus maestros a leer, en algún momento, esas obras maestras llamada "El Coronel no tiene quien le escriba" o "El amor en los tiempos del cólera". Pocos no sucumbieron de inmediato a esos textos a medio camino entre la literatura y el periodismo como "Relato de un náufrago". En México, varias de sus novelas se convirtieron en películas, algunas más llegaron a la televisión, otras incluso llegaron a los teatros de ópera. "Gabo", como le llamaban sus amigos, vio al mundo con una convicción política de izquierda y fue un incansable activista por causas sociales de las que México nunca fue ajeno. Fue un defensor de la revolución cubana, un enemigo acérrimo de la dictadura de Pinochet, un promotor del diálogo entre Cuba y Estados Unidos, y un vocero de primera línea a favor de la lucha contra la pobreza, la desigualdad y la marginación que viven millones de latinoamericanos. Al recibir el Premio Nobel, advirtió que en América Latina, "frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida". Que descanse en paz, el colombiano que nos enseñó a todos, especialmente a los mexicanos, a soñar.