Argumentos a debate

Las elecciones europeas: ¿un giro hacia los extremismos?

Las elecciones pasadas al Parlamento Europeo han conmocionado la escena política del continente. En el contexto de lo que es una lenta pero consistente recuperación de la crisis que azotó las economías europeas, los resultados de las elecciones a la Eurocámara han caído como un balde de agua fría para las agrupaciones políticas tradicionales y, en consecuencia, para los proyectos de consolidación de la Unión Europea. Si bien, tanto el Partido Popular como el Partido Socialista continúan siendo los partidos mayoritarios, perdiendo eso sí algunas decenas de escaños, será altamente probable una alianza entre ambos para garantizar la gobernabilidad del Parlamento y contrapesar el creciente poderío de grupos políticos radicales, euroescépticos e incluso xenófobas, totalitarias y populistas. A diferencia de elecciones previas, el abstencionismo no ha sido el enemigo a vencer. La participación ha sido prácticamente la misma que en los comicios pasados pero, en esta ocasión, se ha volcado en el apoyo a grupos antisistema.

Sin duda, hay varias razones que explican este brutal e inesperado giro. La Unión Europea, no es un secreto decirlo, no ha respondido con la rapidez y la efectividad deseada a los retos más importantes de la crisis del euro. La desaceleración económica ha profundizado el desempleo y ha lastimado severamente las condiciones de seguridad social de millones de europeos. Más aún, muchos electores emitieron sufragios de castigo a sus propios gobiernos y, en consecuencia, trasladaron su inconformidad con la marcha de los asuntos públicos en sus países al ámbito supranacional. Es preocupante, en este sentido, el éxito del Frente Nacional, partido de extrema derecha en Francia, que consiguió el 25% de los votos en ese país, así como el incremento exponencial del antieuropeo partido británico UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido), de los partidos nacionalistas, el FPÖ en Austria, del tristemente célebre Jorg Haider, el antimusulmán Partido de la Libertad en Holanda, o fuerzas de izquierda radical no necesariamente antieuropeas ni antiinmigrantes pero profundamente críticas del funcionamiento de las instituciones de Bruselas–como el partido Syriza griego- o separatistas como la Lega Nord en Italia. Lo que es aún peor noticia, en Alemania, el Partido Nacional Democrático (NPD) obtuvo suficientes votos como para contar con un eurodiputado. Ello muy a pesar de los intentos del Parlamento alemán de declarar ilegal al partido por su ideología neonazi. Es relevante preguntarse si la presencia de estas fuerzas políticas, especialmente de esta última, no contraviene el espíritu y la esencia misma del proyecto de integración. No cabe duda que el giro hacia el extremismo es extraordinariamente preocupante, ocupando ahora 140 asientos de los 750 en disputa. Se trata de una nota de advertencia para la política europea y, en general, un llamado a la acción decidida para todos quienes creemos que Europa debe seguir siendo un punto de referencia en los procesos de integración, así como una fuerza de irradiación de la paz y el bienestar en el planeta. De la eficacia con que el Parlamento Europeo ataje los problemas más apremiantes de la sociedad dependerá que quede solo en eso.