Argumentos a debate

La economía mexicana de mal en peor

Otra vez, en el segundo reporte del Organismo con previsiones para los próximos meses del de-sempeño de la economía mexicana, reduce su estimación de crecimiento que pasó de 3% anunciado en abril a 2.4%. A su vez, redujo también la previsión de crecimiento de 3.3% a 3% de la economía nacional para 2016. Entre otras razones, adujo el debilitamiento de la actividad económica de Estados Unidos, la desaceleración general de los mercados emergentes y países en desarrollo y, desde luego, ciertos efectos de la crisis en Europa por la deuda griega. Por si fuera poco, el peso mexicano vive uno de sus peores episodios en la historia reciente del país. En enero, el tipo de cambio superó la barrera de los 15 pesos por dólar y esta semana la paridad se elevó por encima de los 16 pesos por dólar. En términos generales, este es el efecto de que los inversionistas prefieran refugiarse en monedas más estables como el dólar mientras la situación en Europa se aclara. Para México, sin embargo, esto podría tener consecuencias muy negativas. Al importar buena parte de insumos, y a pesar de los esfuerzos del Banco de México en este sentido, hay un peligro latente de inflación, de contracción del turismo y evidentemente de impacto sobre ciertas transacciones internacionales.

A este escenario realista, y no catastrofista, habría que incorporar los bajos precios del petróleo, el ritmo cada vez menor de expansión de la manufactura, una contracción de la producción industrial y problemas originados por una reforma fiscal que ha mermado gravemente los ingresos de un importante segmento de la sociedad mexicana. Como telón de fondo, se encuentren problemas estructurales para reducir el déficit fiscal, equilibrar las finanzas públicas, reducir el gasto público y detener su creciente endeudamiento. Y es en el terreno estructural en donde dos desafíos se asoman y muestran con toda su crudeza las múltiples amenazas que por su culpa se ciernen sobre la estabilidad económica en México: la corrupción y la desigualdad. De la primera nos hemos ocupado en múltiples ocasiones en estas páginas. A pesar de los esfuerzos legislativos en la materia, es claro que en esta administración no hay la suficiente voluntad política para atajarla con firmeza y combatirla con toda la fuerza de la ley y las instituciones del Estado. Ante la abundancia de ejemplos, el Presidente la considera parte de la "condición humana" y le atribuye un origen cultural. De la segunda, sin embargo, vale la pena comentar más en relación con el extraordinario estudio que en días pasados su autor, el economista Gerardo Esquivel, publicó bajo los auspicios de Oxfam-México. Uno de los graves problemas señalados por Esquivel en el documento "Desigualdad extrema en México: concentración del poder económico y político" es que nuestra política fiscal favorece a quien más tiene, no es progresiva y no produce prácticamente ningún efecto redistributivo. Ante el hecho de que el 10% más rico de México concentra más del 60% de la riqueza del país, es claro que el mercado interno está gravemente debilitado, el capital humano no se desarrolla como debiera y la productividad de los pequeños y medianos negocios está gravemente comprometida.